Para la clase política del siglo XXl,
el compromiso ideológico es inexistente,
ahora aplica el pragmatismo político.
Siguiendo la tradición electoral de la 4T, de adelantarse a los tiempos establecidos en la ley para el inicio de los procesos electorales, al amparo de la consigna amloista, “No me vengan con ese cuento de que la ley es la ley,” Morena anunció, el 29 de septiembre anterior, haber concluido con la elección de sus 17 “Coordinadores de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.” O sea, los 17 candidatos a las gubernaturas que ese partido eventualmente postulará en los comicios del 6 de junio de 2027.
La anticipación en la elección de candidatos a los cargos de elección popular, la lleva a cabo el partido en el poder para tener ventaja sobre sus competidores, en plazos de campaña. Hacerlos más extensos que los que autoriza la ley y aprovecharlos para tener mayor tiempo de exposición de los personajes que postulará como sus candidatos. Los electores pueden conocerlos antes que a sus contendientes y, quizás, hasta mejor. Aunque esto último, no siempre pudiera resultar lo más conveniente, en el caso de algunos aspirantes, que preferirían pasar desapercibidos, dados sus oscuros antecedentes y torcidas trayectorias.
Pero acelerar los tiempos, puede tener también sus inconvenientes para quien los practica. El más grave y más simple, que se les aplique la ley. Esto ocurre, cuando la autoridad juzgadora es imparcial, independiente, objetiva y profesional y cumple con su función de hacer respetar el Estado de Derecho, sin importar el peso político del infractor. Si se violó la ley, al incurrir en actos anticipados de campaña, el violador se hace acreedor a la sanción correspondiente: pérdida del derecho al registro o la cancelación del registro de los candidatos. No hay más.
Lamentablemente, en el caso que nos ocupa, la autoridad electoral, el INE, ha mostrado su parcialidad e inclinación a proteger los intereses de Morena y de la 4T. De diferentes maneras ha buscado evadir las denuncias formuladas en contra del partido en el poder y, al final, ha resuelto que, en los procesos internos de Morena para elegir a sus futuros candidatos a cargos de elección popular, el partido no incurre en violaciones a la ley. Con esta resolución, avalada por el TEPJF, nuestras autoridades electorales, nos adelantan un criterio de mal pronóstico para quienes compitan electoralmente en contra del partido oficial y sus socios, en los próximos comicios de 2027.
Pero adelantar tiempos también puede ocasionar otros sinsabores. Con tanto tiempo libre entre la selección interna y los tiempos legales para su registro, quienes no resultan ser elegidos, pero cuentan con cierta fuerza política local, difícilmente se resignarán a rumiar su derrota. Seguramente buscarán refugio y consuelo en algún otro partido que los pueda postular. Dos factores a su favor. Cuentan con tiempo suficiente para lograr una buena negociación. Además, no hay compromiso ideológico. Para la clase política del siglo XXl, el compromiso ideológico es inexistente, ahora aplica el pragmatismo político. Los principios no cuentan. El compromiso es con quién pueda ser útil, con el que pueda ayudar, con el que convenga a sus intereses. Son los mejores tiempos del chapulineo. A nadie sorprenden ni nadie los ve mal. Y, si no, que le pregunten al PVEM, que en esto se ha doctorado.
Ante la raquítica bolsa de figuras políticas de la oposición, los desechos de Morena, podrían ser aprovechados por los otrora poderosos PRI y PAN. Partidos ahora, muy menguados y con el rumbo perdido, a pesar de los 8 años transcurridos desde el tsunami obradorista. En el pasado, antes del surgimiento explosivo de la 4T, los desechos de estos dos partidos sirvieron de cantera política para la entonces oposición. Sólo hay que ver, quiénes integran la élite del partido en el poder. Un considerable porcentaje de sus miembros destacados, provienen del PRI y algunos del PAN, aunque renieguen de su pasado, empezando por el propio fundador de Morena, varios gobernadores y, que decir, de los integrantes del Congreso. Diputados y senadores han practicado con mucho éxito el chapulineo, alejándose de la oposición para no perder el poder.
De hecho, algo de esto le ha sucedido a Morena con sus socios, principalmente con el Partido del Trabajo que, en la subasta de cargos para las gubernaturas, quedó desplazado. Ninguno de los aspirantes, ya fueran de su partido o de Morena, que la dirigencia del PT veía con buenos ojos para apoyarlos como propuesta de su partido, alcanzó la calificación de la encuesta para ser elegido. Lo que no dejó nada contentos a los dirigentes petistas que, en reclamo, prácticamente impugnaron todos los resultados anunciados por Morena, reclamando la revisión de los mismos.
En algunos casos, la molestia llegó hasta la amenaza de competir de manera independiente. Un suicidio político, pues el PT solo, no tiene como ganarle a Morena, aunque si le podría restar votos, lo que favorecería a los candidatos de la oposición, aumentando su competitividad. Por lo pronto, parece que las aguas se calmaron y el PT llegó a un entendimiento con su socio. No queda claro si también, los aspirantes eliminados se calmaron o haya por ahí algún inquieto en busca de nuevos aires. Pronto se sabrá.
