El que no llegó para quedarse
Y es que, sin decir agua va, el mundo
político cuatroteísta se le vino encima
al dos veces licenciado gobernador.
Si ya me conocen, para qué me invitan, podría haber comentado Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia, a manera de justificación de su entrada por salida a la gubernatura del estado de Sinaloa, en su segunda solicitud de licencia. Y es que, sin decir agua va, el mundo político cuatroteísta se le vino encima al dos veces licenciado gobernador. Algo que, definitivamente, no esperaba. Desde la cúpula del poder, pasando por la dirigencia de su partido, las bancadas morenistas de diputados y senadores, en su gran mayoría, y hasta sus colegas gobernadores de la 4T, la desaprobación y el rechazo a su retorno a la gubernatura fue total.
Ante esta nueva realidad política, Rocha Moya no tuvo más remedio que dar marcha atrás en su plan de recuperar su status de gobernador y solicitar una segunda licencia, a solo 34 horas de haber retomado su cargo.
A pesar de no ser un improvisado en la política, varios años en la administración pública, además de haber sido rector de la Universidad de Sinaloa, senador y diputado local, algo debió haber aprendido sobre las reglas políticas no escritas de nuestro país, pero a Rocha Moya le falló la sensibilidad y el olfato. Decidió ignorar el cobijo y protección que, contra viento y marea y, a pesar del alto costo que significaba para el país, recibía de la Presidencia, además, de dar al traste con la estrategia y argumentos que operaba el gobierno para su protección. Ya no hablemos de la consideración y el respeto que le debía merecer la investidura presidencial para “informarle”, no por un simple mensaje en redes sociales, según reconoció la Mandataria, sino personalmente, su decisión de regresar a “gobernar” Sinaloa.
Porque de símbolo de soberanía nacional, cuando se equiparó la solicitud de su detención, por parte del Departamento de Justicia de los EUA, a un ataque a nuestra soberanía para intervenir políticamente en asuntos internos del país, ahora el trato será de “ciudadano llano” y sin fuero (gulp).
Para explicar su reincorporación al gobierno, Rocha Moya informó que había pedido licencia al cargo para ponerse a la orden del sistema de justicia del país para ser investigado de “las falsas acusaciones que, con motivaciones políticas e injerecistas de la ultraderecha nacional y extranjera” le hiciera una oficina del gobierno de los EUA. Que después de 112 días de investigación, la Fiscalía General de la República había informado no haber encontrado elementos mínimos de prueba que acreditaran su participación en una conducta delictiva. “Soy ajeno e inocente, dijo, de las patrañas que se han urdido en mi contra por personeros de la ultraderecha para dañar … al movimiento político de izquierda en el que milito…”
Sin embargo, contra sus dichos, en la Secretaría de Gobernación tenían otros datos. En un comunicado emitido por esta dependencia, se aclara que en la Fiscalía General de la República siguen abiertas las carpetas de investigación de las 10 personas señaladas por el Departamento de Justicia de los EUA, incluido el gobernador con nueva licencia. Así que, la inocencia de este ex funcionario, está todavía por verse.
Y es que, aunque oficialmente aquí se dice que no hay pruebas, pudiera ser que el desafío de retomar su cargo, por decisión personal, haya generado molestia entre las agencias de seguridad norteamericanas y provocado el envío de pruebas suficientes para acreditar la culpabilidad de este funcionario de los cargos que se le acusa. Esto complicaría, aún más, su protección, quizás hasta que no hubiera excusa para extraditarlo, salvo su detención y juicio, en nuestro país, por los delitos que lo acusan en EU.
Al tomar la decisión de recuperar su cargo, ya sea, por la vía libre o avalado por quien ya no tiene ni todo el control ni todo el poder, en la hipótesis de que nadie se manda solo, resultaba inevitable lo que sucedió: el personaje quedó al desamparo, del poder institucional, por rebelde, y del que lo ofreció o recomendó, si fuera el caso, por una sobreestimación que ya no alcanzó para cumplirle.
Otra de las consecuencias de su desafortunada decisión de “carácter personal”, es que ahora el gobierno que lo protege tendrá que buscar otros argumentos que expliquen las razones de esa nueva licencia, pues si no hay pruebas que lo culpen, como se afirma, no tendría por qué continuar separado de su cargo. Salvo por la investigación abierta de la que habla la Fiscalía, sobre la que, por cierto poco se sabe de sus avances, pues después de cuatro meses, continúa en el más profundo de los misterios.
Total, que con la decisión de “carácter personal” del Rocha Moya, el caso de los supuestos narcopolíticos se enredó más.













