¿Hasta cuándo y hasta dónde»
Oro molido para avanzar en el
rompecabezas de los cárteles
mexicanos y su operación, que tanto
interesa a las autoridades del país vecino.
No entienden que no entienden. Seguramente para el presidente del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Sinaloa, Edgar Barraza Castillo, las solicitudes de detención provisional con fines de extradición de diez funcionarios y servidores públicos sinaloenses, incluyendo al gobernador, Rubén Rocha Moya, al senador Enrique Inzunza Cázares y al presidente municipal de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, formulada por la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York, acusados por, presuntamente, colaborar con el crimen organizado en el tráfico de drogas, es un tema menor que no debe preocupar mucho.
Y es que, ante las graves acusaciones que pesan en contra de estos personajes, nada menos que de presuntos narco polìticos, el líder estatal de Morena afirma que, tanto el senador como el alcalde, acusados, podrán participar en los próximos procesos electorales. “Si ellos deciden y cubren los requisitos (de la convocatoria), no serían descartables,” declaró Barraza.
Parece que este dirigente no escuchó las palabras de la flamante presidenta nacional de su partido, Ariadna Montiel quien advirtió “en Morena los corruptos no tienen cabida.” Además de señalar que se hará un minucioso escrutinio de las candidaturas, que no se perdonará ningún señalamiento contra alguien por posible corrupción, aunque salga favorecido en las encuestas. Bien por las buenas intenciones de la morenista, aunque deberían de empezar ya por limpiar la casa y recomendar a sus dirigentes estatales más prudencia y mayor sensibilidad política.
El horno no está para bollos. La estrategia seguida por Palacio Nacional en respuesta a la solicitud de la Fiscalía de Nueva York para la detención provisional con fines de extradición de 10 funcionarios y ex funcionarios mexicanos, dejó de ser funcional en el momento en que dos de estos personajes decidieron entregarse, voluntariamente, a las autoridades norteamericanas.
Entonces los insistentes argumentos en defensa de la soberanía y el reclamo de falta de pruebas, pierden sentido. De por sí, calificar de injerencista la solicitud del gobierno norteamericano, siguiendo los protocolos que indica el Acuerdo de Extradición firmado y aceptado por ambos países, resulta un buen discurso para consumo interno, pero inconsistente en su fundamento. La defensa de la soberanía ante la amenaza de un país extranjero, siempre despertará ánimos nacionalistas, sin embargo, es improcedente e inaplicable en este caso. Una solicitud diplomática difícilmente puede considerarse intervencionismo.
La falta de pruebas, que tanto preocupan a nuestra Presidenta y que ella antepone como requisito para poder atender la solicitud norteamericana, de facto se desvanece con la decisión, nada menos, que del ex secretario de Seguridad Pública, General de División Gerardo Mérida Sánchez y el ex secretario de Administración y Finanzas, Enrique Díaz Vega, de someterse a los tribunales estadounidense. De haberse sentido libres de culpa, no habrían acudido ante la justicia que los está reclamando.
El primero, encargado de dirigir los cuerpos de policía estatales y coordinar esfuerzos con las fuerzas federales y las policías municipales. Además, diseñar y dirigir las estrategias para garantizar el orden público, la paz y la seguridad ciudadana. Mientras el segundo, con la responsabilidad de dirigir la política fiscal, manejar la hacienda pública y administrar los recursos humanos, materiales y financiero del gobierno. Dos funcionarios de alto nivel en el gobierno estatal.
Buscar voluntariamente “el cobijo” de las leyes norteamericanas, solo se puede interpretar como aceptación de algunas andanzas chuecas en que incurrieron. De acuerdo al sistema penal de justicia de EUA, la culpabilidad se puede negociar a cambio de un beneficio, reducción de cargos o sentencias más leves. Estos ex funcionarios están apostando a un “buen” trato de la justicia de ese país, a cambio de información relevante que puedan aportar.
Esto significa que las tan demandadas pruebas, puedan consistir, precisamente, en los testimonios que estos ex funcionarios rindan durante el juicio que se les entable. Oro molido para avanzar en el rompecabezas de los cárteles mexicanos y su operación, que tanto interesa a las autoridades del país vecino.
La seguridad y el combate a las drogas es prioridad de los norteamericanos, no así, de nuestras autoridades. Un mal cálculo que, creemos, poco ayuda a la buena relación con el país más poderoso del planeta. Si al poder militar y económico de los EUA, le agregamos un Presidente indescifrable, volátil (ahora ama a los chinos), impositivo y atrabiliario, conviene no tomar a la ligera sus dichos y amenazas. La más reciente “México está perdido y EU es su única esperanza.”
Algunas resultan balandronadas, otras no tanto. En el tema de la guerra al narcotráfico, tiene muchas fichas que irá soltando para presionar a nuestro gobierno a actuar en contra de funcionarios corruptos. Apostarle al tiempo y a la derrota del republicano en los comicios de noviembre, es muy riesgoso. Es probable que pronto saque otro paquete de políticos acusados de tener relaciones peligrosas y se cierre más el círculo. Convendría cambiar de estrategia de solo reaccionar y tomar la iniciativa.
¿Hasta cuándo y hasta dónde?













