Respeto a la soberanía o cómo doblar la apuesta
Fue el caso de la presidenta de
Morena, Adriana Montiel, quien en
una perorata se refirió al tabasqueño
como “el Presidente.” ¡Vaya lapsus
Cuando hace 43 días, la Corte del Distrito Sur de Nueva York solicitó al gobierno de nuestro país la detención provisional con fines de extradición de 10 funcionarios de Sinaloa, incluyendo al gobernador en funciones Rubén Rocha Moya, al alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez y al senador, Enrique Inzunza, bajo la acusación de conspirar para importar narcóticos, posesión de armas y dispositivos destructivos y delitos de corrupción y conspiración con el crimen organizado, el gobierno de la 4T reaccionó sorprendido, molesto y ofendido.
Con anterioridad y en lo que va del gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum, nuestro país ha enviado, a los EUA, sin mayores trámites, violando el debido proceso y sin respeto a sus derechos humanos, a 92 narcotraficantes. Algunos, capos de alto perfil. El gobierno habría justificado esta acción como una medida de seguridad nacional y de cooperación internacional, para impedir que estos operadores siguieran delinquiendo y generando violencia en el país.
Un trámite regular, pues, en la colaboración bilateral en la lucha contra el narcotráfico entre los dos países. Desde entonces, el gobierno de Donald Trump había expresado su insatisfacción por el desempeño de nuestro gobierno en el combate a las drogas. No es suficiente, habían dicho funcionarios del otro lado de la frontera. Y es que, advertían que la expansión de los cárteles y el control que ejercían en varios estados de la República, no podía lograrse sin la complicidad y corrupción en las estructuras políticas y de seguridad mexicanas.
Cuando Trump reclamaba una mayor cooperación en este tema, estaba insinuando que México mantenía oídos sordos a las denuncias en contra de funcionarios sospechosos de apoyar a los cárteles de la droga. Sin decirlo, Trump esperaba que en los traslados que enviaba nuestro gobierno, se incluyeran peces gordos. Pero no narcos, de esos ya tenían bastantes, sino de supuestos narcopolíticos. Algo que nuestro gobierno no tenía intenciones de hacer, considerando que los estados señalados por su alta criminalidad, eran, precisamente, los gobernados por morenistas.
Cansados, suponemos, de esperar la reacción de nuestro gobierno, las autoridades norteamericanas tomaron la iniciativa solicitando la detención con fines de extradición de 10 funcionarios del gobierno sinaloense. La petición cayó mal en Palacio Nacional, colocando al gobierno en una comprometida situación. Por un lado, la presión externa que demandaba la detención de los presuntos inculpados. Por el otro, un pacto no escrito que impone la defensa de los personajes de Morena, al costo que sea, para evitar afectaciones al movimiento. Además de la exigencia, procedente de Palenque, de brindar impunidad a todos los suyos, de antes y de ahora.
De ahí que, en una maniobra de distracción para ganar tiempo y evadir la solicitud del gobierno de Washington, sin tener que rechazarla con argumentos inconsistentes, se contraatacó acusando a los EUA de injerencismo, de intentar vulnerar nuestra soberanía y hasta de buscar influir en los resultados de nuestros comicios de 2027. De la posibilidad que los acusados del gobierno de Sinaloa, pudieran ser culpables, nada. De ese tema, ya no se habla y, de extradiciones, menos. Se dobló la apuesta, calificando la solicitud de detención como una falta de respeto a nuestra soberanía.
Por la información que seguramente le dio el gobierno estadounidense a nuestra Presidenta, sobre la investigación a otros gobernadores y personajes de la política, la Mandataria buscó atajar la petición, alegando falta pruebas. Agotado este argumento, encontró, en la defensa de la soberanía, un mejor argumento. Que mejor arma que crear un ambiente hostil hacia quien nos presiona para juzgar a funcionarios y políticos corruptos. Por eso la Presidenta instruyó a su partido a realizar asambleas en todo el país en defensa de la soberanía. Seguramente en ellas se buscará despertar el añejo resentimiento contra los EUA, recordar cómo nos quitaron la mitad del territorio y estimular el patrioterismo. Esto, en previsión, como dijo la Mandataria, de que pretendan venir por otros. De los primeros, los de Sinaloa, ni quien se acuerde. Intocables y bien cuidados, no en balde estos presuntos narcopolíticos, son de la casa.
Y para rematar, la reaparición del, supuestamente, “político en retiro.” Presto siempre a defender a los suyos y, a su estilo, apoyar a la inquilina de Palacio, aunque ese apoyo sea en detrimento de la investidura presidencial, pues el protagonismo del de Palenque le hace sombra a la Mandataria, con sus dichos y sus hechos. Su intento de salvamento, es politiquería pura. Despierta expectativas en muchos de los heredados, incrustados en el gobierno actual. Se presenta como refuerzo para la Presidenta y protector que el pueblo necesita, ante el “embate” de funcionarios de Estados Unidos que “traman debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de la derecha en México…” señaló en una carta publicada. Su reaparición fue festejada por el morenismo duro, para quien sigue siendo el presidente. Fue el caso de la presidenta de Morena, Adriana Montiel, quien en una perorata se refirió al tabasqueño como “el Presidente.” ¡Vaya lapsus!
Según AMLO, mientras él fue presidente ”(Donald Trump) se abstuvo de hablar mal de los mexicanos y de mencionar el muro…” Una relación maravillosa y respetuosa, solo le faltó agregar, no como la actual. Pero su “amigo” pudiera haberlo incluido en la lista de los buscados y, eso preocupa.













