La espada de Damocles
Y es que, en Palacio Nacional, se
mantienen oídos sordos al reclamo
de nuestros vecinos para que se investigue
y se someta a juicio a quienes, desde
el poder, han auspiciado y protegido
a los cárteles de la droga.
Hace unos días, el Presidente de los EUA, Donald Trump, celebró, con varios líderes de América Latina y del Caribe, en Doral, Florida, una reunión que la Casa Blanca denominó “Cumbre Escudo de las Américas”. Su objetivo, la conformación de una coalición regional para enfrentar la migración irregular y el crimen organizado y fortalecer la cooperación política, de acuerdo con lo anunciado, previo a la convocatoria, por la vocera oficial del gobierno norteamericano, Karoline Leavitt.
A la cumbre asistieron 12 mandatarios de naciones latinoamericanas que comparten posiciones políticas cercanas a la administración del Presidente Trump, según palabras de la vocera estadounidense. Con la presencia de los presidentes de Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, Honduras, Salvador, Guyana, Paraguay, Panamá y Trinidad Tobago, Trump continua en su estrategia de suplir organismos multilaterales, con creaciones propias y a modo, léase Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Organización de los Estados Americanos (OEA).
Contra las políticas de la ONU, el magnate ha despotricado. Que se trata de una institución ineficaz, que derrocha dinero y socaba la soberanía de los EUA. Ha criticado su política de lucha contra el cambio climático, señalando que es la mayor estafa del mundo y arremetido, contra de la inmigración ilegal señalando que “es hora de poner fin a este fallido experimento de fronteras abiertas.” Además de auto calificarse como pacificador en jefe, al resolver las guerras, según afirma, que la ONU “es incapaz de terminar.”
En septiembre del año pasado, destacó la intervención del presidente norteamericano en la Asamblea General de la ONU, por su agresividad, falta de diplomacia, incontinencia verbal y gran protagonismo, excediendo, en cuatro veces, el tiempo asignado a cada orador. En esa ocasión, desahogó sus críticas y ataques sobre la operación de ese organismo, alardeando haber acabado con siete guerras, sin apoyo de las Naciones Unidas.
Y para demostrar que no necesita de la ONU, Trump impulsó la creación de una Mini ONU, denominada “Junta de Paz”, para abordar conflictos internacionales. Con este objetivo recibió, en Washington, en febrero pasado, a líderes y representantes de más de 40 países para celebrar la primera reunión. Con una contribución inicial de 10 mil millones de dólares del país anfitrión, la junta estará presidida por Donald Trump, auto proclamado jefe vitalicio de la alianza.
El caso de la OEA es parecido a lo acontecido a la ONU. A Trump no le gusta este organismo y ha cuestionado su utilidad, considerándola ineficaz ante crisis regionales, señalando como ejemplo los casos de Venezuela y Haití. En estas circunstancias, Washington ha amenazado con retirarse del organismo, lo que pondría en serios aprietos la operación de la OEA. Hay que considerar que la aportación de los EUA al organismo representa el 49.9 por ciento de su presupuesto.
Pero Trump busca, con la formación de sus propias organizaciones internacionales a modo, Junta de Paz y Cumbre Escudo de las Américas, sustituir a los organismos multilaterales tradicionales. Una fórmula para llevar a cabo acciones y estrategias a voluntad, sin necesidad de diálogos o negociaciones diplomáticas. Le bastaría el consenso de las naciones que forman parte de sus creaciones. Aliados, por temor, conveniencia o porque no les queda de otra.
A la Cumbre Escudo de las Américas, no asistieron México, Brasil y Colombia, entre otros países. Y, aunque, se dijo que no habían sido invitados, Trump afirmó en una entrevista que sí los habían convocado. Una salida, quizás, para no entrar en detalles sobre su exclusión de la Cumbre.
El hecho que nuestro país no hubiera asistido, no tendría mayor relevancia salvo que, durante el evento, el Presidente Trump se refirió a nuestro país como “el epicentro de la violencia” de los cárteles de la droga, y refiriéndose a la Presidenta Claudia Sheinbaum, señaló, de manera un tanto irrespetuosa, que siempre se ha negado a recibir la ayuda militar norteamericana para combatir a los narcotraficantes. Washington, insistió Trump, requiere mayor cooperación para enfrentar a los cárteles.
El tema continúa en la agenda de pendientes de la Casa Blanca, a pesar del envío a los EUA de más de 90 narcotraficantes y de acciones efectivas en contra de capos, como el reciente caso del líder del CJNG, Nemesio Oseguera. Y es que, en Palacio Nacional, se mantienen oídos sordos al reclamo de nuestros vecinos para que se investigue y se someta a juicio a quienes, desde el poder, han auspiciado y protegido a los cárteles de la droga. Altos funcionarios y políticos que, hasta la fecha, gozan de impunidad.
De no actuar en ese terreno, el Escudo de las Américas puede resultar una espada de Damocles para algunos empoderados con mala conciencia.
Al tiempo.













