de la política en México, por Miguel Tirado Rasso.

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Y .. sigue la mata dando …

Y .. sigue la mata dando …

El tiempo necesario,
sin precipitaciones ni atropellos,
ofrecido por el Coordinador de los diputados de Morena,
para las audiencias y aprobación de la reforma,
no llegó ni a una semana.

Una vez más, los de la Cuarta Transformación nos vuelven a restregar su estilo particular de legislar, en forma y fondo. “Queremos que haya una gran discusión, el tiempo que sea indispensable. No vamos a precipitar nada, no vamos a atropellar nada.” Declaró orondo el Coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, en relación a la reforma de la Ley de Amparo. Solo le faltó explicar al diputado Monreal, que los tiempos y ritmos de los procesos legislativos de la 4T, son otros y diferentes a los de antes. Y, en esto, efectivamente, no son iguales.

Porque a partir de que Morena obtuvo, vía interpretaciones retorcidas de la autoridad electoral, el control de las Cámaras de Diputados y de Senadores, con ficticias mayorías calificadas de sus bancadas, el Congreso Federal se ha convertido en la oficialía de partes del Ejecutivo. Una oficina de trámite para la aprobación de las iniciativas de ley de Palacio, sin revisar, analizar y, muchas veces, sin conocer su contenido, porque la instrucción era y, según se ve, lo sigue siendo ahora, aunque un poco menos rígida, aprobarlas sin modificación alguna.

El tiempo necesario, sin precipitaciones ni atropellos, ofrecido por el Coordinador de los diputados de Morena, para las audiencias y aprobación de la reforma, no llegó ni a una semana. El miércoles 8 de octubre, se anunciaron las fechas para las audiencias: viernes 10, sábado11 y lunes 13. Sin embargo, el micrositio para la inscripción de participantes, se habilitó hasta las 16 horas del jueves 9 y se cerró a las ocho de la noche del mismo día. Sólo cuatro horas para inscribirse. Quienes se enteraron y pudieron hacerlo, contaron con 5 minutos de exposición.

Tiempo insuficiente para un análisis profundo y serio que debió merecer una reforma de la importancia y trascendencia de la Ley de Amparo. Queda claro que el debate, los razonamientos y la argumentación no son tema para Morena. Sus legisladores, oyen, a veces, pero no escuchan. Ni están dispuestos a cumplir con la función que les corresponde como Poder Legislativo. Por eso, sus procesos legislativos son rápidos, breves y furiosos.

En el Senado, el proceso para la aprobación de la reforma, fue casi al vapor. Dos días, para realizar audiencias públicas, el lunes 29 y el martes 30 de septiembre, con la participación de abogados, especialistas y miembros de la sociedad civil que alertaron, ante un foro morenista indiferente, sobre las nefastas consecuencias de una reforma que restringe y limita la única protección que tiene el ciudadano para defenderse de los abusos del poder del Estado. En el tercer día, miércoles 1 de octubre, se aprobó la iniciativa presidencial. Sólo tres días, antes de turnar la minuta a los diputados, con una manzana envenenada: una reforma en los artículos transitorios para permitir su aplicación con efectos retroactivos.

Lo que parecía un distractor, la retroactividad, por su carácter claramente inconstitucional, que mereció críticas en contra, desde la Titular del Ejecutivo, los ministros de la nueva Corte hasta el “constitucionalista” jefe de la mayoría morenista en la Cámara de Diputados, planteando la conveniencia de eliminar esa propuesta, resultó ser, además de un distractor, la entrada para una nueva propuesta de aplicación retroactiva descafeinada, pero igual de dañina.

Un proceso judicial inicia con una demanda y concluye hasta que se dicta una ejecutoria, en consecuencia, inapelable, en favor o en contra de una de las partes. La reforma de la Ley de Amparo, según lo aprobado por los diputados, no aplicará para las etapas procesales concluidas de una controversia judicial que no ha terminado. Pero si se aplicará a los “nuevos” actos procesales, de la MISMA controversia, con los que, una de las partes, busca obtener con una sentencia final favorable. Esto significa que, habiendo iniciado un juicio con las reglas de una ley, concluirá, conforme a los términos de una ley diferente.

Quienes defendieron esta modificación, alegan que no es retroactiva, a pesar de que la Constitución dispone, en su artículo 14, “A ninguna ley se le dará efecto retroactivo en perjuicio de persona alguna”. En el ejemplo, la aplicación de nuevas reglas, no contempladas en el inicio de un juicio, necesariamente afectará a una de las partes.

Total, que la aprobada Ley de Amparo, de ser un juicio de protección constitucional de las personas contra los abusos del poder del Estado, se convierte ahora en una grave limitación al ejercicio de los derechos ciudadanos y una herramienta de la autoridad para “protegerse de los excesos” de los particulares.

Primer año y contando

Primer año y contando

Al grito de no somos iguales, buscaron despacharse con la cuchara grande,
para resolver, en definitiva, su situación patrimonial.

La forma es fondo. Al estilo de los mejores momentos del ahora alicaído Partido Revolucionario Institucional (PRI), la 4T celebró el primer año de gobierno de la primera Presidenta, con A, en la historia de nuestro país. Un indiscutible músculo popular, conformado por no pocos acarreados, que nos recuerdan las grandes concentraciones del presidencialismo histórico, el de los tiempos del PRI y sus antecesores el PNR y el PRM, llenaron a plenitud el zócalo capitalino.

Nada nuevo en la forma. Aportaciones de contingentes humanos de gobernadores ansiosos de quedar bien con la titular del Ejecutivo, y de organizaciones sindicales, otrora priistas, ahora acomodados en la Cuarta Transformación, por el bien de su sobrevivencia. Todo un espectáculo propagandístico para el que la austeridad republicana no aplica.

A diferencia del “ritual” que rodeaba al informe presidencial, que se conocía como el día del Presidente, la jefa del Ejecutivo, Claudia Sheinbaum, decidió multiplicar los días de la Presidenta, a través de un recorrido por todo el país, replicando su informe de gobierno, en cada entidad federativa, en una versión de rendición de cuentas, según la denominó la propia Mandataria. Con su presentación en el Zócalo de la CDMX, concluyó su periplo. Una gira conveniente y necesaria para fortalecer su liderazgo y posicionamiento político, tras un primer año de gobierno más complicado de lo usual por su circunstancia, una vecindad tóxica, herencias y legados malditos y la inevitable sombra de su antecesor.

A la Mandataria no parecen preocuparle las críticas en el sentido de que su joven gobierno no muestre personalidad propia. De que, si bien, queda clara la intención de continuidad, poco ha sido lo que ha aportado en adición a esa continuidad. Que prácticamente está siguiendo un estilo de gobernar heredado. Que no quiere o no se atreve, a tomar decisiones que pudieran incomodar al señor de Palenque. Esto, a pesar de que las circunstancias la están obligando a definir su posición, por el bien del país y su gobierno, aunque esto pudiera no ser del agrado de su antecesor.

Claudia Sheinbaum prefiere poner muy en claro su lealtad y admiración por el tabasqueño, a quien le dedica los primeros párrafos de su informe. “Vivimos un momento histórico.” Afirma. “Nuestro país transita por un camino de justicia social, de dignidad y de garantía de derechos sociales, libertad, democracia y soberanía. No es un logro menor ni pasajero; es el fruto de lucha pacífica, de organización, de resistencia, y es también la herencia de un hombre honesto y profundamente comprometido con su pueblo: el presidente Andrés Manuel López Obrador.”

Y más adelante, enfatiza “Andrés Manuel López Obrador fue, es y será siempre ejemplo de honradez, de austeridad, y de profundo amor a México.”

Quizás sea cierto, pero, por los nubarrones ocurridos durante el gobierno pasado, pareciera necesario insistir en la honestidad y austeridad del patriarca de Morena. Diferenciarlo y separarlo de algunos personajes que lo acompañaron en su gobierno, cuyo comportamiento, de acuerdo a investigaciones internas (locales) y externas (extra fronteras), dejó mucho que desear. Malos pasos, de los que, supuestamente, nunca se enteró.

Porque estos personajes, lejos de asumir los principios moralistas morenistas de no robar, no mentir y no traicionar al pueblo, resultaron ser peor que los de los gobiernos neoliberales. Al grito de no somos iguales, buscaron despacharse con la cuchara grande, para resolver, en definitiva, su situación patrimonial. La de ellos y la de varias de sus generaciones futuras.

Las herencias y legados, a los que nos referíamos, no le han permitido a la Presidenta gobernar con soltura. Ha tenido que sortear las “distracciones” de sus líderes en el Congreso. En particular, en el caso del senador Adán Augusto López que, abusando de su ”hermandad” afectiva, política y, tal vez, hasta productiva con el patriarca, ha sido el más rebelde a la disciplina presidencialista. Pero también están los compromisos económicos de las multimillonarias obras faraónicas inconclusas, que han resultado ser barriles sin fondo. El compromiso de concluirlas implica una distracción de recursos criminal, que quitan el sueño de cualquier programa de gobierno.

Lamentable que la primera Mandataria no hubiera incluido en su discurso de aniversario de gobierno, los avances en el tema que todos aplaudimos y, sin duda, ha fortalecido su popularidad, el combate a la corrupción. Las investigaciones sobre el huachicol fiscal, involucran a muchos personajes de alto nivel, amparados por fuero, respaldo político o protección familiar. Un gran muro que tendrá que derribar, si quiere que su paso por la presidencia haga historia.

¿Un ciudadano y ex funcionario modelo?

¿Un ciudadano y ex funcionario modelo?

Adán reacciona. Hay una campaña de desprestigio
en su contra, afirma, y que sabe de parte de quién y
de quiénes y porqué lo hacen.

Pareciera que, para algunos políticos destacados de la Cuarta Transformación, su apuesta es la de cruzar pantanos sin salir manchados. O al menos, que la benevolencia contenida en la frase atribuida a Benito Juárez, tan popular durante el sexenio pasado, de aplicar justicia y gracia a los amigos, continue su vigencia, particularmente en lo de “gracia”, bajo el argumento que, aplicar la ley a secas, pone en riesgo el legado del fundador de Morena.

Ahora vemos que el tan proclamado combate a la corrupción, que constituyó el eje del movimiento obradorista y que, en base “a los otros datos”, declaró misión cumplida en las conferencias mañaneras, con todo y pañuelito blanco agitado, no pasó de ser una promesa de campaña, alarmantemente incumplida.

Algunos se sorprenden ante los casos de corrupción que se han descubierto y, en defensa, alegan que se trata de campañas mediáticas orquestadas por la “derecha conservadora” que busca desprestigiar a la 4T. Sin embargo, ante las evidencias, a las autoridades actuales no les queda más remedio que actuar, investigar y aplicar la ley. Solo combatiendo la impunidad, podrá el gobierno de la Presidenta Sheinbaum salvar lo rescatable que pueda tener la 4T.

Desde hace varias semanas, los reflectores se han concentrado en uno de los personajes destacados del gobierno pasado, Adán Augusto López. Una corcholata que no prosperó y a quién su paisano, Andrés Manuel López Obrador, le ofreció, como premio de consolación, la Coordinación de la bancada morenista en el Senado. Una designación que, en la ortodoxia sucesoria, le correspondía a la mandataria entrante, pero que el saliente decidió arrogarse, así como otras nominaciones más, para asegurar la continuidad de su proyecto político.

Pues resulta que Adán Augusto, ex gobernador, ex secretario de Gobernación, ex corcholata y actual líder del grupo parlamentario de Morena en el Senado, cargos todos por gracia de su paisano, dejó sentir, desde el inicio del gobierno de la Presidenta, que a la Mandataria no le debía nada. En lo que tenía algo de razón, aunque olvidando que, en nuestro sistema presidencialista, la Titular del Ejecutivo es y será la jefa durante todo su gobierno. Al menos, de acuerdo a la experiencia histórica.

Don Adán tiene un pasado sospechoso. En sus tiempos de gobernador, decidió nombrar como secretario de Seguridad Pública a Hernán Bermúdez Requena, a quien conocía de tiempo atrás. Este personaje, mezcló sus actividades oficiales con las delincuenciales del grupo criminal, “La Barredora,” que él mismo encabezaba. El senador niega rotundamente haber conocido el lado oscuro de su subalterno. Algo difícil de creer, cuando filtraciones de Guacamaya Leaks, al interior de la Secretaría de la Defensa, en 2021, hablan de informes de inteligencia militar que relacionan a Bermúdez con actividades delictivas de “La Barredora”. Inclusive antes, en 2019, había sido sujeto a investigación por delitos de extorsión y secuestro exprés en contra de un empresario gasolinero. El senador, sin embargo, niega haberse enterado de los malos pasos de su colaborador, inclusive cuando fue secretario de Gobernación, dependencia que encabeza el gabinete de seguridad nacional.

Las cosas se le han complicado el senador y, al estilo del de Macuspana, ha doblado la apuesta. Tras una investigación periodística sobre ingresos no declarados y discrepancias entre sus declaraciones fiscales y patrimoniales de los años 2023 y 2024, el tabasqueño reconoció haber tenido ingresos por casi 80 millones de pesos, por concepto de “servicios profesionales” prestados a empresas contratistas durante su gobierno, además por productos de una herencia en dólares. Dice ser el notario público de mayor éxito en la historia de Tabasco, además de ser ganadero, arrendatario y accionista en sociedades mercantiles. En fin, todo un ciudadano y ex funcionario modelo, según se auto califica.

No parece preocuparle, el posible conflicto de interés, por el hecho de que las empresas que lo contrataron y pagaron su asesoría legal, según su dicho, resulten haber sido beneficiarias contratistas durante su época de gobernador. Y, si bien, declaró esos ingresos ante el SAT, no los incluyó en su declaración patrimonial, omisión que sanciona la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos. Tampoco tuvo empacho en señalar pagos de impuestos notoriamente inferiores a lo que debió cubrir, 2.4 por ciento contra 35 por ciento que establece la ley. Estos datos los corrigió, alegando que lo habían mal interpretado. Y es que, resultaba obvia la evasión fiscal, tal vez un trato preferencial o hasta la posibilidad de lavado de dinero.

En su respuesta a estas investigaciones, Adán reacciona. Hay una campaña de desprestigio en su contra, afirma, y que sabe de parte de quién y de quiénes y porqué lo hacen. Que en su momento los dará a conocer. Y lanza un agresivo y delicado mensaje a quién corresponda: “Ahora resulta que el pato mayor le tira a las escopetas.” Y a la pregunta de si se trata de fuego amigo, responde “se los dejo de tarea”.

Temerario, el senador.

Informe presidencial

Informe presidencial

Peor aún, en la administración del primer piso de la 4T,
el Ejecutivo buscó cualquier pretexto para rendir informes.

En los tiempos del partido casi único, aquéllos de la aplanadora tricolor, los usos y costumbres de la ceremonia del informe presidencial, procuraban un entorno en el que la atención política y social se concentraba en el informe que, constitucionalmente, el Primer Mandatario, debería rendir, el primero de septiembre, sobre “el estado general que guarda la administración pública del país” (Art. 69, Constitución), ante el Congreso de la Unión.

Existía entonces la instrucción, no escrita, que, durante gran parte del mes de agosto, la información de las dependencias oficiales se limitara a lo indispensable, para que nada opacara la expectativa del informe ni la importancia de la ceremonia correspondiente. Era lo que se conocía como el día del presidente.

Se buscaba que el evento se diera en un clima de paz política y social, objetivo que se logró, casi siempre, hasta que la apertura democrática hizo posible la llegada de fuerzas de oposición al Congreso. Entonces, las cosas cambiaron de manera radical. Tras varios enfrentamientos, en los que las oposiciones llegaron hasta impedir que el Presidente en turno pudiera presentarse en el recinto legislativo para entregar su informe escrito, se buscó reformar la Constitución, eliminando la obligación del Jefe del Ejecutivo de asistir a la apertura de sesiones del Congreso. Actualmente, el documento lo entrega un representante del Presidente, ahora Presidenta, al Congreso y lo recibe la presidencia de la Cámara de Diputados.

El ambiente del informe presidencial ha cambiado, particularmente a partir de los gobiernos de la 4T. En primer lugar, la costumbre de las mañaneras, impuesta en el gobierno anterior, prácticamente, acabó con el interés del informe anual, pues todos los días, o casi, el Jefe del Ejecutivo utilizó la tribuna mañanera para hacer propaganda de sus obras y sus logros, con lo que el informe presidencial tradicional, resultó un compendio de las sesiones mañaneras. Nada nuevo que informar.

Peor aún, en la administración del primer piso de la 4T, el Ejecutivo buscó cualquier pretexto para rendir informes. Solo en su primer año, presentó tres. El primero, al cumplir los primeros cien días de su mandato; el segundo, con motivo del primer aniversario de su triunfo electoral, y el tercero, el oficial, del primero de septiembre. Entregado al Congreso, y rendido a un selecto grupo de invitados en Palacio Nacional. Sin nada de pluralismos que pudieran importunar.

El nuevo gobierno, repite la costumbre del pasado reciente, por aquello de la mañaneras cotidianas, lo que necesariamente afecta el peso y contenido del informe presidencial. Celebramos, al menos, que no haya continuado con la multiplicación de informes.

Pero en contraste de lo que mencionábamos sobre los usos y costumbres del pasado para un clima sin estridencias, como contexto deseado para el informe presidencial, en esta ocasión lo que precedió al evento de la Presidenta Claudia Sheinbaum, fue lo más contrario a lo deseable. Apenas unas semanas antes del evento, una rebelión en la granja entre cuatroteros decididos a disfrutar las mieles del poder y sus derivados, pintó de cuerpo entero de que están hechos algunos de sus próceres y cuál es su auténtico ADN.

Por lo pronto, rebeldes a los principios de austeridad y humildad que consignan los principios del movimiento que los llevó al poder, tropezaron al tratar de justificar elevados dispendios, que difícilmente podían cubrir con sus ingresos declarados. Unos, con viajes turísticos, propios de los criticados fifis del pasado y otros haciendo ostentación de sus lujos, joyas, automóviles, ropa de marca y propiedades inmobiliarias. Atención, en todos los casos dados a conocer, fueron ellos mismos quienes hicieron pública la información en sus redes sociales. Como aspiracionistas a influencers, muy preocupados por demostrar su nuevo status económico.

Pero los escándalos no terminaron ni el mismo día del informe. Sin prudencia y ningún respeto a la Presidenta, en la Cámara de Diputados, los radicales de Morena intentaron desconocer el acuerdo de entregar, la presidencia de la Cámara, a la segunda fuerza política, en este caso al PAN. Algo regulado por la ley interna del Congreso. Su argumento, que no les gustaban los candidatos propuestos, porque se trataba de legisladores críticos de la gestión de la Presidenta y no garantizaban institucionalidad. Finalmente, la sensatez y los buenos oficios se impusieron y se eligió a la diputada panista Kenia López Rabadán, para presidir la Mesa Directiva de la Cámara Baja.

Y es que el argumento de rechazo era un absurdo. Si se trata de un partido de oposición, no es de esperar que le echen flores a la Mandataria. Supongo que, más bien, tras el mal ejemplo y pésimo desempeño como presidente del Senado del impresentable Gerardo Fernández Noroña, con todo y su infeliz final, estaban temerosos de que el PAN repitiera la historia del senador y se querían curar en salud.

A los del PAN les tocaría decir, como el clásico, no somos iguales.

A los amigos lectores les informo, que estos comentarios se reanudarán en la última semana de septiembre.

Un tribunal a modo

Un tribunal a modo

En el juego maquiavélico del gobierno pasado,
se decidió, en el caso del TEPJF, no formular los nombramientos
de los reemplazos que habrían de sustituir a los dos magistrados
que habían concluido el período de su mandato, conforme a la ley.

Por si todavía hubiera quién le apostara a la imparcialidad de nuestras autoridades electorales, solo habría que revisar el sesgo de algunas de sus resoluciones más recientes, para saber qué se puede esperar de ellas y con quién están comprometidas. Tanto el Instituto Nacional Electoral como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), pasaron de ser, por su actuación y desempeño en las funciones de su competencia, de instituciones respetadas, con reconocimiento internacional, a cómodos organismos a modo del gobierno de la 4T. Papel, éste, que han asumido a plenitud, evitando, en todo momento, afectar los intereses del gobierno ni con la sombra de una sentencia.

En el juego maquiavélico del gobierno pasado, se decidió, en el caso del TEPJF, no formular los nombramientos de los reemplazos que habrían de sustituir a los dos magistrados que habían concluido el período de su mandato, conforme a la ley. Pero por aquello de, “no me vengan con que la ley es la ley,” el pleno de la Sala Superior, que debiera estar integrado por siete magistrados, quedó reducido a cinco, hasta la fecha. Y es que, resultaba menos complicado para el gobierno el control del Tribunal, con un pleno de cinco miembros, pues con tres magistrados cooptados tuvo mayoría y, consecuentemente, el control del Tribunal. Mala noticia para nuestra democracia, porque esta institución es la máxima instancia en materia electoral, por lo que sus resoluciones son inapelables.

Los magistrados del Tribunal, no han tenido empacho en emitir polémicas resoluciones, que sacan adelante, más por el peso de su mayoría, que la solidez de sus argumentos jurídicos, como lo acabamos de ver en el caso del juicio sobre la legalidad de la elección del Poder Judicial. Los magistrados Reyes Rodríguez Mondragón y Janine Otálora proponían la anulación de diversas elecciones para la Corte, magistraturas y jueces, ante irregularidades como financiamiento ilícito, pero particularmente por la inducción masiva del voto a través de acordeones.

La propuesta de estos magistrados no prosperó y fue desechada por los tres magistrados alineados al oficialismo, Mónica Soto, magistrada presidente, Felipe Fuentes y Felipe de la Mata, para quienes los acordeones, si bien no pudieron negar su existencia, argumentaron que no existían pruebas contundentes para acusar inducción del voto. Para ellos, que, de 7 mil 400 millones de combinaciones posibles para los 9 cargos de la Corte, 45 por ciento de los votos válidos se concentraran en una sola combinación, no les pareció sospechoso. Supongo que consideraron que se trató de una “mera coincidencia”.

Según estos magistrados, la existencia de los acordeones no comprueba que hubo una distribución y un uso generalizado. Si no se sabe, cuestionaron, ¿quién los hizo?, ¿cuánto gastaron?, ¿quiénes los diseñaron?, ¿de qué gobierno salió el dinero para acusar un financiamiento ilícito?, ¿qué partidos, funcionarios o gobiernos idearon la “estrategia coordinada”? entonces, solo puede hablarse de sospechas, conjeturas y acusaciones falaces.

La consigna era sacar adelante la elección. Validarla a pesar del mega fraude a la vista de todos. No iban a permitir que la Reforma Judicial, planteada como la solución a los “graves problemas de corrupción y nepotismo”, que, según el ex mandatario y fundador de Morena, caracterizaban a los juzgadores del momento, tropezara, aunque se tratara de un proceso electoral con graves fallas, mal pensado, peor diseñado, y, de por sí, complejo por el número de cargos a elegir.

Contra el discurso oficial sobre las bondades de la Reforma Judicial, el pueblo bueno y sabio nunca entendió de qué se trataba. El tema, eminentemente jurídico, resultó ininteligible y muy lejano a la mayoría de la población, lo que quedó reflejado en la escaza votación. La oferta dice que esta elección permitirá mejorar nuestra democracia y aspirar a una mejor justicia, con jueces más cercanos y sensibles. El tiempo lo dirá.

La realidad es que la elección del Poder Judicial decepcionó a propios y extraños. El gobierno manejó la elección por voto popular de ministros, magistrados y jueces como un gigantesco avance en la procuración de justicia. De hecho, para la retórica oficial, esta elección nos habría de colocar como el país más democrático del mundo. Lo cierto es que este proceso despertó poco interés en la población, pues de un padrón de más de cien millones de posibles electores, solo acudieron a las casillas menos de 13 millones de votantes. El 87 por ciento desoyó el llamado a las urnas. Además de su muy reducida legitimidad, difícilmente se le borrará la mancha de elección fraudulenta.

Una Reforma Electoral de oscuras intenciones

Una Reforma Electoral de oscuras intenciones

Ahora, por primera vez en la historia de las reformas electorales,
el gobierno propone una reforma, sin que constituya una respuesta
a demandas o propuestas de la oposición.

Como parte final o casi, del Plan C del obradorato, concebido para desaparecer organismos autónomos y demoler al Poder Judicial, incluida la SCJN, instituciones que resultaban incómodas al estado de confort de la 4T, Morena pone en jaque, ahora, a nuestra democracia, ante la amenaza de una Reforma Electoral de oscuras intenciones. Quedaron eliminados los órganos autónomos e independientes que ejercían funciones específicas con autonomía constitucional, concebidos, precisamente, como contrapeso del poder político. Asimismo, se desmanteló al Poder Judicial, para sustituirlo con jueces, magistrados y ministros, elegidos por voto popular, ayudado, éste, por acordeones para “orientar” a los electores a emitir un voto dirigido y definido.

Ahora, por primera vez en la historia de las reformas electorales, el gobierno propone una reforma, sin que constituya una respuesta a demandas o propuestas de la oposición. La constante había sido que, ante la presión de los partidos de oposición que reclamaban apertura y oportunidades de participación política, en un sistema en el que el partido en el gobierno ocupaba todos o casi, los espacios en los congresos Federal y estatales y encabezaba la mayor parte de las gubernaturas del país, el gobierno abría el diálogo y el debate para trabajar sumados en una nueva legislación.

Así fue evolucionando el sistema electoral y nuestra democracia se fue fortaleciendo. De acuerdo con el Dr. Luis Carlos Ugalde, ex presidente del INE, el reformismo electoral en nuestro país buscó el pluralismo como meta principal, “además de otros objetivos que han ido cambiando con el tiempo: inclusión (notoriamente en las reformas de 1997, 1986 y 1990), certeza y transparencia (1990, 1993 y 1994), equidad (1993, 1996 y 2007), imparcialidad de la autoridad (1994 y1996) y legalidad (1986 y 1996).” Se trataba, dice el autor citado, de “romper el monopolio político y retórico del Estado posrevolucionario.”

Muy lejos de ese propósito, es el de la reforma de la 4T, porque quien va a organizar, analizar y elaborar las propuestas es el propio gobierno, a través de una Comisión del Ejecutivo, y hay una máxima que dice que ningún gobierno hace una reforma para perder el poder. El decreto de creación de La Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, establece que, “la Comisión dependerá directamente de la persona Titular del Ejecutivo Federal, quien la presidirá…”(Art 3), pero en ninguno de sus apartados hace alusión a la participación de representantes de partidos políticos.

No es lo más ortodoxo que sea el propio gobierno quien defina, proponga y resuelva el contenido de la reforma que se enviará para aprobación de un Congreso, absolutamente controlado por el gobierno. El debate parlamentario, si es que se da, lo tiene ganado por las mayorías calificadas de sus bancadas. Esto, nos regresa 40 años atrás, por lo menos. A las épocas del carro completo del partidazo, cuando el PRI era imbatible por sus mayorías. Ahora Morena es la invencible, la aplanadora, también por sus mayorías parlamentarias.

Los seis miembros que integran la Comisión son funcionarios del gabinete presidencial y de la Oficina de la Presidencia. Así que en este concierto no hay quien vaya a desafinar y, como se ha sentenciado, los representantes de instituciones públicas o privadas que “pueden” ser invitados, tendrán voz, pero no voto. Esto recuerda lo ocurrido en los foros de la Reforma Judicial, a los que se invitó a representantes de la academia, de organizaciones empresariales, de colegios de abogados, a expertos, para que opinaran. Si bien, se les escuchó, no se les hizo caso, y la reforma del Ejecutivo se aprobó, sin modificarle ni una coma.

Elaborar una reforma electoral desde el poder tiene sus bemoles. Según se lee en los considerandos del decreto “Que no se trata solo de la estabilidad política. Antes la hubo, pero no había voto libre y abundaba la represión y la corrupción. Se trata de forjar un sistema en el que todos y todas ejerzamos nuestros derechos en libertad y en democracia…”

Habría que preguntar, entonces ¿cómo fue posible que se dieran las alternancias? ¿No se votó con libertad ni se respetaron los votos? En este milenio, en menos de 20 años se dieron tres alternancias, de manera pacífica. A pesar de un sistema e instituciones que, a los ojos del titular de la Comisión, Pablo Gómez, están agotadas, cooptadas por camarillas políticas y hasta con deformaciones autoritarias, por lo que propone cambiarlo todo.

Si todo está tan mal, ¿cómo entonces llegó Morena al poder, y cómo ha logrado sus triunfos electorales? No será que de lo que se trata es de buscar una vía para perpetuarse “legalmente” en el poder.

Los lastres de la herencia

Los lastres de la herencia

De los escándalos más serios que han colocado a la Presidenta,
Claudia Sheinbaum, en una posición incómoda y complicada,
el del presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado,
Adán Augusto López, lleva mano.

Cuando en el periódico oficial de Morena comienzan a publicarse notas críticas por ciertas acciones o comportamientos de algunos miembros, otrora intocables, de la Cuarta Transformación, podría interpretarse como que el blindaje que protegía a estos personajes, comienza a hacer agua. Habría que reconocer, que se lo tienen bien ganado, porque montados en el poder, la soberbia los ha perdido, hasta cometer imprudencias propias de amateurs de la política.

Coincidencias o no, estas últimas semanas han sido las más amargas para la 4T, por los escándalos de varios de sus próceres. Desde los líderes parlamentarios de las bancadas morenistas en el Senado y en la Cámara de Diputados, hasta el delfín, que no corcholata, todavía, del mismísimo movimiento transformador. Ejemplos sobran, como aquellos gobernadores y legisladores, enemigos de la libertad de expresión, que, en franco abuso del poder, aplican todo el peso de su influencia para someter a sus críticos a indignas sanciones, que más tarde se les revierte por la de andanada de comentarios negativos generados en las “benditas redes sociales”.

Tenemos el caso del presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Gutiérrez Luna y su esposa, la diputada Diana Karina Barreras, mejor conocida como “Dato Protegido”, que para amortiguar el peso de la opinión popular crítica que se les vino encima, decidió endilgarle a Claudio X González, el villano favorito de la 4T, bueno, después de Felipe Calderón, la responsabilidad de haber enderezado una “campaña negra” en su contra, para desacreditarlos, a él y a su esposa.

La cosa es más simple. No se trata de una conspiración en contra de estos legisladores con visos de una campaña “negra”, pues lo que se exhibe provienen de las publicaciones que, en redes sociales, los propios aludidos han difundido. El periodista Jorge García Orozco, autor de los reportajes periodísticos en los que exhibió los costosos gustos de esta pareja, solo añadió el valor comercial de estos bienes y, por tratarse de montos millonarios, la información se convirtió en escándalo.

Hay inconciencia de estos servidores públicos cuya imprudencia está en andar exhibiendo un modo de vida que nada tiene que ver con el ejercicio y la responsabilidad de la función que desempeñan. Y menos, con los principios que rigen la ética de la 4T y que, la Jefa del Ejecutivo se ha empeñado en remachar, para que no haya dudas de cuál es la línea de Palacio. Para que puedan afirmar, con desparpajo, como les gusta, que no son iguales.

De los escándalos más serios que han colocado a la Presidenta, Claudia Sheinbaum, en una posición incómoda y complicada, en un dilema, pues, el del presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado, Adán Augusto López, lleva mano. A partir del anuncio de la existencia de una orden judicial para detener al ex secretario de Seguridad de Tabasco, Hernán Bermúdez Requena, acusado de encabezar, presuntamente, al grupo criminal La Barredora, la historia de este mal funcionario se ha desvelado, al mismo tiempo que le complicó la existencia a quien lo nombró en el cargo, cuando era gobernador, su amigo y su notario, de muchos años, Adán Augusto López.

Y vaya personaje que escogió el líder de los senadores de Morena como responsable de la seguridad de los tabasqueños y del combate a la delincuencia en el estado que, entonces, gobernaba. La iglesia en manos de Lutero. Justamente en funciones contrarias al modus operandi del supuestamente jefe de la Barredora.

Tras varias semanas de estar bateando Gerardo Fernández Noroña, el presidente de la Cámara Baja, el reclamo de la oposición para que se discutiera, en ese recinto, el espinoso tema de la relación entre el prófugo de la justicia, Bermúdez Requena, y Adán López, se aceptó el debate. El propio senador López hizo una exposición en la que afirmó no haberse enterado de las malas mañas de su subalterno, no obstante que fue su colaborador durante casi tres años. Vaya conveniente ceguera y sordera.

Resulta difícil de aceptar, lo dicho por el senador. Y, aunque señaló que empezó a tener algo de información sobre el mal proceder de su ex colaborador, cuando fue secretario de Gobernación, tampoco hizo nada, a pesar de que el gobernador que lo sustituyó, Carlos Manuel Merino, había ratificado en el cargo a Bermúdez Requena. Por cierto, el gobernador sustituto, ahora a cargo de la dirección de ASA, ha permanecido callado como momia. Curiosamente, a nadie se la ha ocurrido cuestionarlo sobre las razones que tuvo para ratificar y sostener en la Secretaría de Seguridad, a un personaje tan cuestionado, convertido ahora, en prófugo de la justicia.

Está claro que el desprestigio y las dudas que quedan sobre una posible complicidad entre el senador y su ex colaborador, han aboyado su poder, influencia política y credibilidad. Su permanencia en el Senado representa un alto costo político para la Jefa del Ejecutivo, que pareciera que tendrá que soportarlo un rato más. La influencia del de Palenque, todavía pesa mucho.

Lo mismo pero no es igual

Lo mismo pero no es igual

Lo menos que se podría esperar de los morenistas
de alta jerarquía, es una actuación diferente y evitar
despilfarros y ostentaciones insultantes.

Vaya trabajo que le ha costado a la presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, tratar de marcar las diferencias entre los lujosos paseos de sus correligionarios morenistas por Europa y Asia y los que, a su entender, realizaban los innombrables políticos de los gobiernos de “antes” de la 4T. Con mucho énfasis afirma que “no son iguales”, aunque su comportamiento, los lugares visitados, los hoteles reservados, las comidas degustadas, los vinos saboreados y el “shopping,” disten mucho de ser distintos unos de otros.

Según la joven dirigente, la gran diferencia está en que “En el pasado, los viajes y derroches, se hacían con dinero público…para viajar, afirma, aquí y allá a Europa, Estados Unidos y a todo el mundo con el dinero del pueblo.” Mientras que, los de Morena, lo hacen “con sus recursos propios. Y precisa, lo que no es delito ni un acto de corrupción.”. En otras palabras, es lo mismo, pero no es igual.

Habría que averiguar si, como lo afirma con contundencia Luisa Alcalde, los legisladores y funcionarios de la 4T cubrieron “sus viajes y derroches” con su propio dinero, pues con los topes salariales que el fundador de Morena impuso para que nadie ganara más que el Titular del Ejecutivo, resulta difícil imaginar que, esos sueldos recortados, alcancen para pagar las tarifas de los hoteles de cinco estrellas en que se hospedaron, cubrir sus opíparas comidas y vinos y todavía sobre para sus compras en tiendas de alta gama.

Uno de los viajeros de la 4T sorprendidos por la “lente indiscreta de algún celular”, el diputado Ricardo Monreal, líder de la fracción parlamentaria de Morena, a su regreso de España, se quejó de que nunca había sentido tanto acoso, calificando de perverso el cuestionamiento sobre los viajes al extranjero de personajes públicos. El diputado se defiende, afirmando que no hay irresponsabilidad si los servidores públicos pagan sus viajes. Para concluir que “ni fue indebido ni fue ilegal ni fue inmoral”.

Pero el diputado se equivoca, porque, por lo pronto, hay incongruencia con uno de los principios que debería guiar la actuación de los miembros de este partido: la austeridad republicana. Un principio que, guste o no, se planteó como distintivo de ese movimiento político y que debieran reconocer y cumplir, a carta cabal, quienes, por voluntad propia, se incorporaron a sus filas. Lo menos que se podría esperar de los morenistas de alta jerarquía, es una actuación diferente y evitar despilfarros y ostentaciones insultantes.

Durante varios días, la Presidenta Claudia Sheinbaum puso acento en su posición respecto de los viajes placenteros de sus colaboradores. “Mi opinión, aseveró, siempre será que el poder es humildad, el poder se ejerce con humildad…Tenemos una responsabilidad de seguir insistiendo, que los viajes lujosos y la vida lujosa no tiene que ver con el movimiento de transformación, independientemente de donde vengas,” sentenció la mandataria.

El mensaje de la Jefa del Ejecutivo fue claro, aunque incómodo para más de uno, que se sintió lastimado. Algunos de los sorprendidos en fuera de lugar, mostraron su rebeldía alegando que, con su dinero, pueden hacer lo que les plazca. Cierto, pero entonces, ¿qué hacen en Morena? Porqué militar en un partido, cuyos principios recomiendan vivir en la justa medianía, sin lujos; en el que se afirma que el poder es humildad. Porque el tema no es cuánto dinero se tiene, sino
cómo y en qué se gasta.

Por lo que se ve, en Morena hay poca convicción juarista y sí mucho interés en disfrutar de las mieles del poder.

La austeridad quedó en casa

La austeridad quedó en casa

La Presidenta insiste en recordar a los colaboradores de su gobierno que,
como parte del movimiento de la Cuarta Transformación están obligados
a cumplir los principios que representan.

La temporada veraniega caló hondo en el ánimo de algunos personajes morenistas que, sin más, decidieron tomar vacaciones, para disfrutar de los atractivos turísticos que ofrecen países del primer mundo, en Europa o Asia. En nuestro continente no, porque, en esta ocasión, los políticos de la 4T prefirieron no visitar las otrora favoritas ciudades de Las Vegas, Miami, San Francisco, Nueva York, Houston o Dallas. Simple precaución, no fuera a ser que las autoridades migratorias estadounidenses aprovecharan su presencia para exponerlos a incómodos interrogatorios, con consecuencias imprevisibles. Ya de visitar Disneylandia, mejor ni hablamos.

Y así vemos que los que dicen ser diferentes, no ser iguales a los de antes, tienen los mismos gustos y debilidades por los hoteles de lujo, comidas con vinos costosísimos en restaurantes de tres estrellas Michelin. En fin, que, para estos políticos, la austeridad republicana se quedó en casa. Llama la atención, sin embargo, que con los topes a los sueldos de los servidores públicos que impusiera el fundador de Morena, esos lujos, por sus precios, parecerían estar fuera de su alcance, pero no.

Sobre el particular, la Presidenta Claudia Sheinbaum, ha comentado en sus conferencias de prensa matutinas, que “el poder es humildad y hay que ejercerlo de esa manera, que hay que ser austeros.” Que no se está cometiendo ningún delito porque los viajeros están utilizando sus propios recursos. Cada quien actúa de acuerdo a su visión, ha señalado, sin embargo, “la gente a cada quien lo valora y lo evalúa.” Un mensaje que, para efectos prácticos, los morenos turistas no parecen tomar muy en cuenta.

La Presidenta insiste en recordar a los colaboradores de su gobierno que, como parte del movimiento de la cuarta Transformación están obligados a cumplir los principios que representan. Que deben ejercer el poder con humildad y comportarse adecuadamente. Que no puede haber gobierno rico con pueblo pobre. Esa es su convicción. Lamentablemente, por lo que hemos visto, no es algo que compartan todos sus colaboradores, que, una y otra vez, desacatan las recomendaciones de su Jefa, porque sus intereses personales están más allá de los principios del movimiento. No solo no son iguales a los de antes, resultaron corregidos y aumentados.

Y mientras unos morenistas disfrutan sus vacaciones, otros padecen las consecuencias de sus propios actos u omisiones. El actual senador Adán Augusto López, alega no haberse percatado de los malos pasos en los que andaba su secretario de Seguridad Pública, Hernán Bermúdez Requena, no obstante que éste fue su colaborador durante los casi tres años que fue gobernador de Tabasco. Con esto, el líder de la fracción parlamentaria de Morena en el Senado, busca evadir su responsabilidad ante una negligente o tolerante actitud respecto de la presunta actuación criminal de su subordinado.

Sus dichos no convencen. Afirma que empezó a tener información de las andanzas torcidas de su ex colaborador cuando ocupó la Secretaría de Gobernación. Pero resulta que su sucesor en el gobierno de Tabasco, Carlos Merino, ratificó en el cargo de la Secretaría de Seguridad, a Bermúdez Requena, quien continuó haciendo de la suyas durante todo el interinato del gobernador Merino (agosto 28 de 2021 al 30 septiembre de 2024), sin que nadie se preocupara por pedirle cuentas o, al menos, indagar que había de cierto en los informes de inteligencia militar sobre este personaje. Solo fue, hasta que hubo cambios en el gobierno tabasqueño, que tuvieron eco los señalamientos que acusaban presuntas conductas delictivas del ex policía. Pues, aunque era vox populi, sus ex jefes tenían otros datos.

En febrero pasado, cinco meses después de que fue removido del cargo, se giró una orden de aprehensión en contra del ex director de policía, por su presunta vinculación con el grupo criminal La Barredora. Según se sabe, el mismo día que se ordenó su detención, Bermúdez Requena habría huido del país. Actualmente se desconoce su paradero. La semana pasada, cinco meses después de la orden de aprehensión, la Unidad de Inteligencia Financiera, en coordinación con la Procuraduría Fiscal y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, bloqueó las cuentas bancarias del ahora prófugo de la justicia. Un poco tarde, como si no hubiera mucha urgencia en capturarlo, pero la acción de la justicia en la persecución de delitos, en ciertos casos, tiene sus tiempos.

Existe consenso en que la permanencia del senador Adán López como jefe de la bancada de los senadores de su partido, se ha convertido en un lastre para el gobierno de la 4T, con un altísimo costo político para la Presidenta. En los tiempos de la aplanadora priista, cuando había que eliminar un fusible, se desechaba por el bien del gobierno y del país. En la Cuarta Transformación parece que esta práctica no les gusta y prefieren conservar cargas que solo dificultan el proceso de gobernanza.

Tabascogate

Tabascogate

Este incómodo amigo y excolaborador del senador,
le ha movido el tapete político al jefe de la bancada
morenista que se sentía poderoso e intocable.

El Tabascogate, generado por el caso del ex secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Hernán Bermúdez Requena, y sus supuestos vínculos con cárteles de la droga (los Beltrán Leyva y CJNG) que salpican, inevitablemente a su ex jefe y amigo, el ahora senador y líder del grupo parlamentario de Morena, Adán Augusto López, nos recuerdan el caso ocurrido hace algunos años en el estado de Nayarit.

En dicha entidad, el entonces gobernador del estado, Rodolfo Sandoval (2011-2017), decidió nombrar, como primer Fiscal General del Estado, a una persona muy cercana, Edgar Veytia, a quien se le conocía con el sobre nombre de El Diablo. Un mote que lo pintaba de cuerpo entero, según se pudo saber por las denuncias de quienes lo padecieron, por sus métodos de terror aplicados para extorsionar a sus víctimas a quienes forzaba a venderle sus propiedades, casas, ranchos, bodegas, terrenos. Investigado, además, por sus nexos con los cárteles de la droga, primero con los Beltrán Leyva y después con los del CJNG, fue detenido, en 2017, siendo aún Fiscal, por las autoridades norteamericanas, acusado de introducir droga a los EUA.

En 2019, el ex fiscal se declaró culpable de narcotráfico, siendo condenado a 20 años de prisión. Esta pena le fue reducida, a 10 años, por testificar en el proceso contra Genaro García Luna, en 2023. Desde febrero del año en curso, su nombre desapareció del registro del Buró Federal de Prisiones estadounidense. Se especula que fue liberado, aunque se desconoce su paradero.

También a su ex jefe, el ex gobernador Sandoval, las autoridades del Tío Sam le tienen abierta una investigación. En 2019, la Oficina del Control de Activos del Departamento del Tesoro, lo incluyó en una lista negra por estar involucrado con el CJNG y por corrupción. Se dice que, durante su gobierno, la violencia e inseguridad ligada al crimen organizado escalaron de manera dramática (INFOABE). Rodolfo Sandoval está actualmente sujeto a proceso y en prisión en nuestro país, acusado, entre otros delitos, de lavado de dinero.

Cualquier similitud entre el caso relatado y el Tabascogate, es mera coincidencia. Un gobernador (Adán Augusto López, 2019-2021), en mala hora, designa a un personaje de sus confianzas como secretario de Seguridad y Protección Ciudadana (Hernán Bermúdez Requena 2019-2024). Un sujeto con larga carrera policíaca, que resultó estar relacionado con los cárteles de los Beltrán Leyva, primero, y luego con los del CJNG. Además, de haber fundado y lidereado un grupo criminal, la Barredora, dedicado a la extorsión, tráfico de personas, de combustibles y narco menudeo.

Las investigaciones en contra de este mal funcionario surgieron de las propias fuerzas armadas. Servicios de inteligencia del ejército mexicano lo ubicaban ya, en 2019, como líder operador de la Barredora, bajo el alias de Comandante H. Guacamaya Leaks, en decenas de correos y documentos militares clasificados lo identifican con el sobre nombre. Además, en reportes internos del Centro Nacional de Inteligencia, lo señalan de encabezar una red de expolicías coludidos para cometer delitos de huachicoleo, extorsión, tráfico de personas y armas.

Pues después de todas estas investigaciones, hace unos días el jefe de la 30 Zona Militar con sede en Villahermosa, general Miguel Ángel López Martínez, informó que existe una orden de aprehensión en contra del ex secretario de Seguridad, por presuntos nexos con el narcotráfico, emitida en febrero pasado. Además de que la Interpol giró una ficha roja para que autoridades de 90 países colaboren en su búsqueda y detención. Porque resulta que, un día antes de que se emitiera la orden de aprehensión, el ex director de policía huyó del país, ignorándose su paradero.

Igual que en el caso de Nayarit, contra lo afirmado por el senador Adán Augusto López, los otros datos indican que en Tabasco la violencia aumentó durante el tiempo en que Bermúdez Requena encabezó la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana. Los homicidios, cobros de piso, desapariciones y enfrentamientos armados se incrementaron notablemente. Ya en 2006, este personaje había sido detenido por su presunta participación en el homicidio de un ganadero. Aunque, al poco tiempo, salió libre.

Este incómodo amigo y excolaborador del senador, le ha movido el tapete político al jefe de la bancada morenista, en el que se sentía poderoso e intocable. Todavía cuenta con el respaldo de su “hermano” y paisano, pero las cosas se pueden poner difíciles si nuestros vecinos del norte encuentran en él una ficha “estratégica” para presionar. Porque el alegato de que no estaba enterado de los malos pasos de su jefe de policía, a pesar de los informes de inteligencia militar, resulta difícil de creer. Si no lo sabía, malo, era un gobernador desinformado y si lo sabía, peor, hay riesgo de una presunta complicidad.