Miguel Tirado Rasso

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El PAN en su laberinto

In Partidos Políticos on 29 mayo, 2013 at 12:18 pm

Hasta lo que alcanzamos a ver, al día de hoy, el enfrentamiento entre el ahora ex coordinador de la bancada panista en el senado, Ernesto Cordero, con el presidente de su partido, Gustavo Madero, no concluyó con su sustitución en el cargo, tal y como lo hubiera deseado el dirigente del PAN.

Porque la operación relevo del senador Cordero, el procedimiento para un nuevo nombramiento y la designación misma del sustituto, habría que registrarlas en el manual de cómo tratar de corregir lo que está mal para llegar a obtener peores resultados. Gustavo Madero sorprendió a todos con su actuación, incluyendo al propio elegido, quien, según una nota periodística, habría declarado estar “en el lugar que menos quería y en el momento menos indicado”.

Y es que lejos de realizar una jugada habilidosa, de trabajo fino, el líder blanquiazul se enredó en una accidentada y burda operación, que lejos de calmar los ánimos en las filas panistas, los encendió aún más, como lo mostraron las reacciones de los senadores y de varios miembros destacados de ese partido.

Cuando alguien resuelve diferencias sin enfrentamientos o da solución a conflictos conciliando intereses, se dice que tiene manejo político. Una cualidad poco común, pero muy conveniente y necesaria para la vida en armonía a la que todos aspiramos, y propia, por definición, de quien interviene en “las cosas del gobierno y negocios del Estado”, como lo indica el diccionario de la Real Academia Española.

Era pues, de esperar que quien vive en la política y, dadas las circunstancias en que se encontraba el estira y afloje del poder, buscara una solución, lo más tersa posible, para poner punto final al conflicto y superar la amenaza de una costosa fractura hacia el interior  de ese instituto político.

La rebeldía en que había incurrido el senador Cordero, a través de una estrategia distinta y opuesta a la institucional de su partido, necesariamente lo enfrentaba con su dirigente, a quien no le quedó otra salida que la de ejercer su facultad estatutaria para cambiar y nombrar a un nuevo coordinador de su bancada en el senado. Una decisión siempre difícil y delicada, en particular en este caso, por lo que representa o a quien representan el senador Cordero y sus aliados.

De una manera atropellada, Madero operó la sustitución. Si la decisión de remover a Cordero provocó una polémica, con amagos de insurrección, aunque se le reconociera su derecho para hacerlo, con la designación del senador Jorge Luis Preciado, como nuevo coordinador, se agitaron más las aguas de la inconformidad, incluso entre quienes habían aceptado la decisión del cambio.

Madero fintó a sus senadores ofreciéndoles un proceso democrático, en el que podrían opinar sobre el nuevo nombramiento, sólo que al final no hubo ni consulta ni opiniones, y el dirigente resolvió por la libre, lo que obviamente dejó molestos a prácticamente todos los involucrados.

Toca ahora al senador Jorge Luis Preciado, realizar una ardua tarea de cicatrización entre sus pares para que pueda cumplir su encargo de coordinador; pues la rebelión entre su bancada sigue flotando en el ambiente, y un coordinador en el vacío no le servirá de nada al presidente panista ni a su partido.

Gustavo Madero le apostó al poder de su cargo y, por el momento, ganó la partida imponiendo su decisión. Pero las jugadas en política que se imponen por la fuerza y no en base a una negociación, tienen un alto costo que se paga tarde o temprano. Con esta acción, Madero se jugó su futuro político, si es que pretende su reelección en la presidencia del PAN en diciembre próximo. Porque, ahora surgieron más aspirantes a ese cargo, con mayor peso y posibilidades, mientras que él le restó número a sus apoyos para ese propósito, con lo que sus posibilidades de éxito se ven ahora más lejanas.

Porque, como señalábamos en nuestro comentario de la semana pasada, el problema que enfrentó al senador Cordero con el presidente de su partido, no fue la diferencia de opiniones sobre un tema en particular, sino dos visiones y estrategias muy distintas respecto de la conducción política del PAN en su papel como partido de oposición a lo largo de este sexenio. Ópticas de grupos diferentes con intereses y propósitos muy distintos.

Mayo 29 de 2013

Un partido, repartido.

In Partidos Políticos on 22 mayo, 2013 at 11:56 am

Con la pérdida del poder, en diciembre de 2012, el Partido Acción Nacional parece haber perdido también la brújula, que mucho les ayudaría en estos tiempos difíciles de desorientación, angustia y enojo sentimientos que suelen seguir a las derrotas, para poder ubicarse ahora, dentro de las filas de la oposición.

El PAN le arrebató la banda presidencial al PRI, y durante doce años pasó a ser el partido en el gobierno, después de décadas de hacer política como partido de oposición, carácter, en el que generalmente tuvo un buen desempeño. Pero una vez en el poder, Acción Nacional resultó ser muy celoso de su autonomía, la que buscó preservar a costa de mantenerse a distancia del gobierno, lo que en más de una ocasión causó, políticamente, más problemas que ventajas al gobierno blanquiazul.

Y es que, si bien, en teoría, la sana distancia entre partido y gobierno luce muy conveniente, el pragmatismo político ha demostrado que para obtener los mejores resultados, uno y otro deben actuar de manera estrecha, apoyando el partido las políticas y acciones del gobierno y contribuyendo a sostenerlo en el poder. Al fin de cuentas, de eso trata la política.

Y así como en ocasiones al PAN se le dificultaba ubicar su posición en el contexto del poder, ahora parece no “hallarse” como oposición, y entre encuentros y desencuentros, este instituto camina sin rumbo definido. O al menos, esa es la impresión que da, porque lo que sucede en el blanquiazul es el reflejo de una sorda disputa por el control del partido entre quienes lo presiden ahora y el grupo afín al ex presidente Felipe Calderón.

Recordemos que la última renovación de la dirigencia de este partido, no resultó favorable a las pretensiones del ex presidente panista, pues su candidato a la dirigencia del CEN no llegó a finales, así que tuvo que apoyar a quien no era su propuesta, Gustavo Madero, justo en tiempos por demás delicados y estratégicos como son los de la sucesión presidencial. Así, las diferencias entre estos dos personajes, en el ocaso de la administración presidencial panista, eran de esperar.

Por eso, cuando Acción Nacional pierde la elección presidencial, no extrañó que surgieran voces demandando la cabeza de Gustavo Madero y, por momentos, éste se tambaleó. Pero con la firma del Pacto por México, la posición de Madero se fortaleció. Como líder de uno de los tres partidos políticos suscriptores del Pacto, su representatividad se revaloró, así como su posicionamiento político. Los reclamos de renuncia amainaron, para apostar al cambio de dirigente al término de su mandato, lo que ocurrirá a finales de este año.

Mientras tanto, los jaloneos entre las distintas fuerzas políticas panistas, no cesan. Y es que, con la derrota  en los comicios federales de 2012, surgieron diferendos, las posiciones se polarizaron y ocurrieron las fracturas.  Uno es el grupo con el control del partido, indudable poder político institucional, titular del instituto político con representatividad oficial y poder para suscribir pactos y compromisos, y  cabeza del panismo todo, cualquiera que éste sea.

El otro grupo es el que cuenta con representación legislativa. Tiene y muestra su músculo en el seno del congreso, principalmente en el Senado, desde donde dan la batalla, más en función de su interés de grupo, que en el de los electores. Porque desde esa esfera de poder, hacen política partidista y ejercen presión al presidente de su partido, a quien pretenden sustituir para poder aplicar una estrategia de oposición diferente, más de colisión y enfrentamiento que de diálogo y entendimiento, que privilegie los diferendos sobre las coincidencias.    No hay que olvidar que se trata de los herederos del ex presidente Calderón, a quien nada le puede gustar menos que el éxito de su sucesor.

El enfrentamiento entre el líder del PAN, Gustavo Madero, y el presidente del senado, Ernesto Cordero, que le costara a éste la coordinación de la bancada panista, no fue otra cosa que el reflejo de la disputa entre estos dos grupos, cuya visión respecto de la actitud que debe asumir su partido como oposición, es radicalmente distinta.

Unos porque no pueden dejar de ver con nostalgia la presidencia perdida, la oportunidad que se les fue. Por lo que, en la búsqueda de la revancha, no están dispuestos a facilitarle el camino al presidente tricolor. Para este grupo, la apuesta es al fracaso del actual gobierno.

Al otro grupo no le incomoda aportar y sumar, apoyar lo que mejore y proponer lo que convenga al interés nacional, y perfilarse como una oposición responsable y comprometida con el país, con independencia de las diferencias que puedan tener con el gobierno priista.

Hasta el momento, queda claro que esta actitud es la que ha permitido alcanzar los consensos necesarios para las reformas que demanda nuestra nación y que no pueden demorar ya más. Los tropiezos son los que han ocurrido precisamente por los cuestionamientos de quienes no quieren que el gobierno actual sume puntos, aunque esa actitud ponga en riesgo el futuro de México.