Miguel Tirado Rasso

Energía Juvenil

In Temas Centrales on 30 mayo, 2012 at 12:21 pm

A cuatro semanas de que concluya la campaña electoral, el tono y la agresividad en los discursos de los candidatos presidenciales se ha elevado de manera considerable. Las descalificaciones han desplazado a las propuestas. Ahora se lanzan toda clase de epítetos, aunque a decir verdad, unos más que otros, eso sí, particularmente en contra del candidato del tricolor quien, por encabezar las preferencias expresadas en las encuestas, resulta ser el adversario a vencer.

Tanto Josefina Vázquez Mota como Andrés Manuel López Obrador han decidido enderezar todas sus baterías hacia un mismo objetivo, y en momentos surge material para hacerle imputaciones al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, aunque las culpas que se le pretenden endosar, sean ajenas. El sendero por el que tiene que circular este candidato es accidentado. Las denuncias sobre excesos o conductas ilícitas de militantes priistas, y en ocasiones ni eso, sirven a los propósitos de quienes repudian el regreso del PRI a Los Pinos, mostrándolos como ejemplos nefastos de un pasado que, afirman, no debe repetir.

En esta disputa por el poder, pareciera que lo que menos importan son las propuestas o los programas de los aspirantes presidenciales.  Se pierde más tiempo en tratar de mostrar porque no conviene que gane un candidato, que en exponer argumentos para convencer al electorado sobre las buenas razones para votar en favor de un aspirante. La estrategia de negativos avasalla a la de propuestas, y nos remite a la campaña del 2006, sólo que ahora el peligro para México lo representan el PRI y su candidato.

Se destaca como inédito el hecho de que, a partir del incidente de la visita de Enrique Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana, los estudiantes iniciaran una serie de marchas y manifestaciones en contra de este candidato. Y sí, pues usualmente las expresiones de protesta son en contra de actos de autoridad, y no en contra de alguien que todavía no lo es. Pero algún reflejo habría de tener en el ánimo de estos jóvenes lo que se ha dicho del pasado priista por parte sus adversarios políticos y, ante un futuro incierto, los jóvenes han volcado su desencanto en contra de lo que suponen, de retornar, empeoraría las cosas. El detalle está en que, en ese pasado nefasto de otros tiempos que tanto se rechaza, existían más y mejores oportunidades para los estudiantes de entonces. Eso, ni manera de negarlo.

La participación de los jóvenes en este proceso electoral hay que saludarla y estimularla. Representan una fuerza de presión que obliga a todos los candidatos a esforzarse más. Su voz ha ocupado un lugar predominante en la campaña, y si bien, se defienden para evitar caer en política partidaria, la realidad es que esto parece inevitable. El sólo hecho de expresarse en contra de un candidato los lleva a inclinarse por alguno de los demás, aunque no lo mencionen expresamente, porque lo que no están promoviendo es el abstencionismo, y que bueno, porque eso sería grave.

Tal vez lo que valdría señalar, en relación a esta expresión juvenil, es la necesidad de que tres elementos no se pierdan en la explosión energética de sus movilizaciones. La serenidad, el respeto y la tolerancia, son valores que deben estar presentes en todo momento. La serenidad para que, a pesar de las pasiones que despiertan los temas políticos, no se violenten los ánimos. Que los reclamos y cuestionamientos puedan formularse con respeto hacia sus  contrapartes del diálogo. Y, finalmente, ser tolerantes para escuchar ideas y propuestas de los demás, que en algunos casos pudieran sumar aportaciones interesantes a sus planteamientos.

Porque supongo que estas manifestaciones tienen un sentido propositivo para que su voz sea escuchada, para reclamar su derecho a obtener respuestas y plantear propuestas, creo importante que éstas se lleven a cabo en un ambiente propicio que permita alcanzar resultados positivos. Y es que tanta energía habría que aprovecharla para construir y no para destruir. Movimientos para proponer cambios y mejoras, en lugar de posiciones de negación, que a nada conducen.

Mayo 30 de 2012

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