Miguel Tirado Rasso

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Numeralía Electoral 2012

In Temas Centrales on 25 abril, 2012 at 12:34 pm

En la jornada electoral que nos ocupa, se elegirán presidente de la República, 500 diputados federales (300 de mayoría relativa y 200 de representación proporcional), 128 senadores (64 de mayoría, 32 por el principio de primera minoría y 32 plurinominales), seis gobernadores y un Jefe de Gobierno, y diputados locales, alcaldes y jefes delegacionales en 15 entidades federativas.

Éste será el proceso con mayor número de cargos de elección popular en disputa, 2,124, como consecuencia de la reforma planteada para empatar las fechas de las elecciones locales con las federales. Proceso que avanza con el ajuste de los calendarios electorales de los estados.

Siete partidos políticos participan en estos comicios: PRI, PAN, PRD, PVEM, PT, Movimiento Ciudadano y PANAL. Unos por su cuenta y otros a través de  alianzas, total o parciales. Es el caso de los tres partidos de izquierda que formaron la Coalición Movimiento Progresista, y del tricolor, que junto con el Verde Ecologista, integran la alianza Compromiso por México. Los otros dos partidos, Acción Nacional y Nueva Alianza, participan solos, al menos en el caso de los candidatos presidenciales.

Aunque ya en el pasado ha habido candidatas para contender por la presidencia de la República, esta es la primera ocasión que una de las tres fuerzas políticas más importantes del país postula a una mujer para ese cargo, con el agregado de que esa fuerza política representa al partido en el poder.

Durante los tiempos de campaña, los partidos políticos tienen como prerrogativa, en conjunto, 41 minutos diarios en cada estación de radio y canal de televisión, para la transmisión de sus mensajes, mientras que las autoridades electorales cuentan con 7 minutos. Esto se traduce en la transmisión de 19 millones de spots durante los noventa días de campaña. La distribución de los tiempos de radio y televisión, convertidos a número de mensajes, se hace de acuerdo al criterio indicado en el artículo 56 del COFIPE. Este precepto señala que el 30 por ciento del total se repartirá en forma igualitaria y el 70 por ciento por ciento restante, en proporción al porcentaje de votos obtenidos por cada partido político en la elección para diputados federales inmediata anterior, en el caso, la de 2009.

Esto explica la razón por la que los mensajes del PRI se escuchan con mayor frecuencia, pues en la elección federal de 2009 este partido obtuvo una copiosa votación, lo que le da derecho ahora a disponer de mayores tiempos en medios electrónicos, a diferencia del partido del Sol Azteca y sus aliados, que en aquellos comicios sufrieron un desplome electoral que los relegó, como fuerza política, hasta un tercer lugar. Ahora padecen las consecuencias de aquella baja votación.

Durante el período de la campaña, se realiza un monitoreo a 493 noticieros de radio y televisión en todo el país. La verificación está a cargo de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, a través de 200 estudiantes, y los resultados se publican semanalmente en la página de internet del IFE.

El padrón electoral de referencia para esta elección asciende a 84 millones 672 mil ciudadanos. La lista nominal es de 79 millones 571 mil ciudadanos con credencial para votar. En los últimos tres años y medio, el IFE logró la sustitución de 16.5 millones de credenciales “03”.

Diez estados de la República concentran el 60 por ciento del total de electores, con 47.9 millones de ciudadanos. La joya de la corona, por ser el de la lista nominal más alta, es el Estado de México, con 10.3 millones, de potenciales electores. Le siguen el Distrito Federal, con 7.2 millones, Veracruz con 5.3 millones, Jalisco con 5.2 millones, Puebla con 3.9 millones, Guanajuato con 3.8 millones, Nuevo León con 3.3 millones, Michoacán con 3.1 millones, Chiapas con 3 millones y Oaxaca con 2.5 millones de posibles votantes.

El análisis de la distribución del poder en estas diez entidades resulta interesante, pues muestra un buen equilibrio. Y es que el gobierno de estos estados está repartido casi de manera equitativa entre los tres principales partidos políticos, PRI, PAN y PRD. En efecto, cuatro están bajo los colores del revolucionario institucional (Edo. de México, Veracruz, Michoacán y Nuevo León), cinco están gobernados por Acción Nacional (Jalisco y Guanajuato, y en coalición con el PRD, Chiapas, Puebla y Oaxaca) y cuatro por el PRD (el Distrito Federal, y en coalición con el PAN, Chiapas, Puebla y Oaxaca).

Aquí la salvedad está en que tres casos tienen gobiernos de coalición, o al menos ésta se dio como alianza electoral. En la práctica parecería que en Chiapas y Puebla, los gobernadores se inclinan más por el PAN, mientras que el de Oaxaca por su militancia en el Movimiento Ciudadano, antes Partido Convergencia, estaría más cercano al PRD.

Hasta aquí, algunos datos de interés sobre el proceso electoral en curso.

Abril 25 de 2012

Rebotes de la equidad de género

In Temas Centrales on 18 abril, 2012 at 12:39 pm

Largo ha sido el camino recorrido en la lucha por el reconocimiento y respeto de los derechos de las mujeres. Avance lento, porque se trata de modificar estructuras mentales para generar una nueva cultura de igualdad entre hombres y mujeres en terrenos en los que, histórica y tradicionalmente, la figura predominante ha sido el llamado sexo fuerte. Y esto no es algo sencillo de cambiar.

En 1953, en el gobierno del Presidente Adolfo Ruiz Cortines, se decretó el derecho al voto de las mujeres, lo que les confería el reconocimiento como sujetos de derechos políticos. De entonces a la fecha, en casi seis décadas su participación en la política ha sido más bien discreta.

Para el máximo puesto de elección popular, la presidencia de la República, cinco mujeres han sido registradas como candidatas a lo largo de la historia del país. En 1982, Rosario Ibarra fue postulada por el Partido Revolucionario de los Trabajadores. En 1994 contendieron, Cecilia Soto por el Partido del Trabajo y Marcela Lombardo por el Partido Popular Socialista. En 2006, el Partido Social Demócrata y Campesino postuló a Patricia Mercado, y actualmente hace campaña Josefina Vázquez Mota, como abanderada del Partido Acción Nacional.

Por lo que toca a los gobiernos estatales, sólo seis mujeres han ocupado el cargo de titulares del ejecutivo. La pionera fue Doña Griselda Álvarez, electa para gobernar el estado de Colima, en tiempos de la presidencia de José López Portillo. Los otros estados gobernados por mujeres han sido Tlaxcala, Yucatán, en dos ocasiones, y Zacatecas. Además de que, por un corto período, la capital de la República fue gobernada también por una mujer, Rosario Robles.

Con la conclusión del mandato de la priista Ivonne Ortega al frente del gobierno de Yucatán, a finales de este año, nuestra geografía política se quedará sin ninguna figura femenina al mando de un gobierno estatal. Al menos por un buen rato, porque quienes aspiraron a una gubernatura y a la jefatura del gobierno del D.F. para las elecciones del primero de julio próximo, se quedaron en el camino.

En el Congreso, la presencia de la mujer ha sido mayor, aunque no lo suficiente. Para superar los obstáculos que limitan su participación se establecieron las cuotas de género, sugeridas en un principio, y como una obligación, después. A partir de la reforma de 2007, la legislación electoral impuso a los partidos políticos la obligación de presentar, tanto como candidatas a la Cámara de Diputados, como al Senado, al menos un cuarenta por ciento de mujeres.

Aun así, hubo partidos que encontraron la manera de evadir esta obligación, y surgieron las llamadas “Juanitas”. La trampa consistía en postular como candidata propietaria a una mujer y colocarle de suplente a un hombre, que era quien les interesaba que ocupara la curul. La propietaria asumía el cargo, sólo para solicitar licencia de inmediato y ser sustituida por su suplente.

Esta argucia burlona llevó al legislador a ser más preciso y establecer que para la cuota mínima del 40 por ciento, propietario y suplente deberían ser del mismo género, en este caso femenino. Pero como suele suceder, las mejores intenciones convertidas en medidas correctivas para evitar abusos, no siempre logran su cometido y llegan a generar consecuencias incómodas.

La reforma en comento se aplicó por primera vez en el proceso electoral actual, generando un problema para los partidos que, suponemos, esperaban poder librarse, una vez más, de esta obligación, así que no se prepararon para cumplir con la cuota de género.

Una sentencia del Tribunal Electoral de Poder Judicial de la Federación habría de confirmarles la obligatoriedad de la norma sin posibilidades de excepción, precisando las proporciones: al menos 120 candidatas a diputadas y 26 al senado, y aquí es donde los buenos propósitos dieron lugar a situaciones no deseadas. Para ajustar la cuota, los partidos intercambiaron hombres por mujeres, hasta llegar a la proporción del 60-40, en decisiones arbitrarias y apresuradas de sus dirigencias. El término para cumplir se agotaba. Sin el menor apego a sus estatutos ni respeto a formas democráticas, simplemente eliminaron a unos para poner a otras. Y claro está, con este manejo, para respetar el derecho de unas, se violaron los derechos de otros.

Como la norma se cumplió, sin mucha reflexión, el problema subsiste. Se sabe de casos decididos a impugnar, ante la autoridad electoral, las decisiones de sus partidos al considerar que se afectaron sus derechos, sobre todo cuando el removido habría ganado su candidatura a través de un proceso democrático de selección interna.

Esperemos que para el próximo proceso electoral los partidos asuman con mayor responsabilidad el caso de las cuotas de género, y lleven a cabo los pasos necesarios para contar, con oportunidad, con los elementos femeninos suficientes que les permitan cubrir las proporciones que fija la ley. Sólo así se evitarán absurdos arbitrarios e injustos, como lo acontecido en esta ocasión, que desvirtúan los buenos propósitos de la norma.

Abril 18 de 2012

¿El amor es una cosa esplendorosa?

In Temas Centrales on 11 abril, 2012 at 12:07 pm

El candidato del Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), lucha por mejorar su posicionamiento en las preferencias electorales. Desde que se definieron los candidatos de los tres principales partidos políticos, PRI, PAN y PRD, las encuestas han mostrado al candidato de las izquierdas en una tercera posición, por debajo de Josefina Vázquez Mota, la candidata del blanquiazul, con una diferencia que, si bien es cierto, ha venido reduciendo.

Lo anterior, a pesar de que López Obrador lo ha intentado prácticamente todo. En un principio, desde que surgió como candidato de unidad del partido del Sol Azteca, decidió dar a conocer, a cuenta gotas, los nombres de los personajes que habrían de integrar su gabinete, en caso de llegar a triunfar en las elecciones. Una novedosa estrategia, con la que pretendía reforzar su aspiración mostrando, con mucha anticipación, demasiada quizás, un equipo de trabajo conformado por distinguidos profesionistas, como garantía de un buen ejercicio de gobierno. La estrategia no tuvo los resultados esperados. Los nombramientos anticipados no lograron motivar a los encuestados, al menos no lo reflejaron en sus opiniones.

Pero sin duda la estrategia más audaz intentada por este candidato, y que tiene intrigado a más de un ciudadano, es la del cambio de discurso, que ciertamente significa una transformación de su personalidad, al menos de la que le conocíamos, hace ya más de 11 años, cuando ocupaba la Jefatura de Gobierno del D.F.

El López Obrador de la campaña de 2006 era otro del que ahora ofrece su mano franca. Pero no sólo el de entonces, pues a lo largo de los últimos cinco años, y hasta antes de que iniciara el proceso electoral actual, el candidato de las izquierdas estaba muy lejos de la república del amor, ya que andaba muy ocupado recorriendo todo el país, en largas e incansables giras, llevando un discurso crítico, agresivo y descalificador en contra del gobierno, del titular del ejecutivo, al que no dejaba de llamar espurio y pelele, de los empresarios, de los medios de comunicación y de todo aquél que no comulgara con sus ideas.

Supongo que a estas alturas, el político tabasqueño estará arrepentido de sus excesos, que no fueron pocos, y que difícilmente podrían olvidarse en unos meses de campaña con la prédica de la reconciliación y el perdón.

Quizás uno de los errores que más está pesando en su contra sea el plantón de Reforma, en la capital del país. Una acción que fue más allá de una simple manifestación para afectar la libertad de tránsito, al convertirse en un verdadero desastre económico y laboral para comercios, oficinas, restaurantes y hoteles de la zona, que muchos tuvieron que cerrar, dejando gente en el desempleo.

El plantón logró su cometido de gran impacto, lo que permitió que se conociera, en todo el país y en algunos lugares del extranjero, la inconformidad del candidato perdidoso y su rechazo al resultado de la elección presidencial. Pero lo que entonces constituyó una conveniente difusión para su causa, resulta que ahora opera en contra de sus propósitos de campaña electoral, pues una gran sector de la población que no estuvo de acuerdo con ese plantón y desaprobaron su actitud, lo recuerdan todavía y les resulta difícil aceptar ese repentino cambio del odio al amor.

La popularidad de AMLO sufrió un considerable desgaste, que el propio personaje se encargó de alimentar, a lo largo y ancho del país, con su insistente denuncia de un fraude electoral no documentado y un permanente discurso de descalificación personal al Presidente Felipe Calderón. Y en esto no especulamos. Después de estar en campaña durante casi seis años, y tras haber logrado una muy elevada votación en 2006, el desplome en las encuestas que lo mantienen en tercer lugar sólo se entiende por el rechazo a sus errores de actitud y estrategia.

Quizás esto explique lo de la república del amor. Y bueno, si así fuera, estaríamos hablando, más que de la conversión del político en un buen samaritano, de una simple estrategia de control de daños, urgente y necesaria, ante la evidente pérdida de popularidad.

Y es que, tanto repentino amor, reconciliación, perdón y mano franca como mensaje central de campaña, no deja de ser “sospechosista”.

Abril 11 de 2012

Un magno proceso electoral

In Temas Centrales on 4 abril, 2012 at 12:44 pm

Iniciaron las campañas electorales y con ellas la última etapa del proceso para la renovación de los poderes ejecutivo y legislativo federales, así como la elección para gobernador en seis entidades federativas (Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Tabasco y Yucatán), y para el Jefe de Gobierno,  Asamblea de Representantes y  jefes delegacionales en el Distrito Federal. Asimismo, en la misma fecha se celebrarán comicios para elegir diputados locales y presidentes municipales en 14 entidades de la federación (además de los seis estados ya  mencionados, en Campeche, Colima, Estado de México, Guerrero, Nuevo León, Querétaro, San Luis Potosí y Sonora).

Una magna jornada electoral, numerosa y compleja en la que, por si algo le hiciera falta, se aplican las reformas promovidas a partir de la inconformidad, dudas, reclamos y alegatos en contra de la elección presidencial más impugnada del México moderno, como fue la de 2006. Con buenos propósitos, suponemos, los legisladores habrían aprobado en 2007 las modificaciones que consideraban necesarias para darle bases de mayor equidad al proceso electoral, y corregir lo que consideraron errores u omisiones de la ley anterior. En pocas palabras, se trataba de dejar un piso parejo para todos los contendientes.

Pero las reformas a partir de rencillas no dan buenos frutos, y en un afán de prever toda contingencia, la ley modificada incurrió en excesos que de alguna manera han dificultado, lejos de facilitar, el buen curso del proceso electoral actual. Hasta la fecha los obstáculos se han podido sortear sin mayores problemas, no obstante la prueba de fuego, para la ley y para las autoridades electorales, todavía está por venir, lo que esperamos, por el bien de la estabilidad del país y de nuestra democracia, cumplan su objetivo y lleven a puerto seguro esta elección.

El padrón electoral actual ronda sobre los 84.6 millones de electores, siendo la lista nominal de poco más de 79.2 millones de ciudadanos. La diferencia entre uno y otro registro es que mientras el  padrón concentra la información de todos los ciudadanos que solicitaron su inscripción para obtener su credencial para votar, independientemente si concluyeron o no el trámite, la lista nominal contiene exclusivamente la relación de ciudadanos que cuentan con credencial de elector vigente. Los números anotados todavía merecerán un ajuste en virtud de que, apenas el pasado 31 de marzo, venció el plazo para la entrega de credenciales.

Según cálculos del IFE, sobre 3 millones de credenciales con terminación 03 no se remplazaron por corresponder a empadronados residentes en el extranjero, fallecidos y duplicados, por lo que deberán ser dados de baja del padrón electoral. A pesar de esto, la lista muestra un incremento de casi ocho millones de electores con respecto a la de 2006, cuando el índice de votación fue del 58.55 por ciento. Si para la elección del próximo primero de julio consideramos una participación ciudadana sobre el 60 por ciento, estaríamos hablando de 47.5 millones de votantes.

En base a estos números, y conforme a lo datos que han arrojado las últimas encuestas sobre el porcentaje de electores indecisos que en algunas encuestas ha llegado hasta un 34 por ciento, estaríamos calculando sobre catorce millones el número de ciudadanos que no han definido a favor de quien emitirán su voto. Ciertamente un número muy elevado que puede inclinar la balanza en cualquier sentido.

En el arranque de las campañas, según la encuesta Milenio-GEA/ISA las preferencias electorales, descontando el voto de los indecisos, mantenían en primer lugar al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, con 30.9 por ciento, mientras que la candidata del Partido Acción Nacional, Josefina Vázquez Mota, se ubicaba en el segundo lugar con 21.7 por ciento. En tercer lugar, con 13.2 por ciento, estaba el candidato de la coalición Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, y en cuarto lugar el candidato del Partido Nueva Alianza, Gabriel Quadri que arrancó con un 0.2 por ciento. Según esta misma casa encuestadora, al día de hoy, los números han variado. El priista, el candidato de las izquierdas y Quadri aumentaron su puntuación en 4 puntos, uno punto siete y punto 7, respectivamente. Josefina Vázquez Mota muestra una baja de poco más de un punto, y en el caso de los indecisos, la baja es de cinco puntos.

La estrategia de los candidatos debe estar enfocada a obtener el voto del sector de los indecisos. Para esto cuentan con 75 días efectivos, si consideramos que el impacto de las campañas electorales se verá muy disminuido en estas dos semanas. Es predecible que el candidato de las izquierdas sea quien pueda mostrar un mayor repunte en su posicionamiento, atendiendo a los techos históricos logrados por la izquierda. En los casos de los candidatos del PRI y del PAN su posición representa un reflejo más cercano, aunque más optimista, al voto duro de sus partidos.

De acuerdo a lo anterior, la apuesta no será tanto por el número de votos que se quiten, uno a otro, entre candidatos, sino que la disputa será por los votos de los indecisos, a los que los candidatos presidenciales tendrán que convencer con propuestas, ideas y programas,  más que con críticas y descalificaciones.

Abril 4 de 2012